Giulia Bini: “Con la IA, hoy tenemos un escenario de sobreproducción visual”
En la penumbra del segundo subsuelo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Giulia Bini observa con detenimiento la documentación que da cuenta de un olvidado proyecto del arquitecto Amancio Williams dirigido al general Galtieri: la ciudad antártica.
La descripción de esa metrópolis remota y su detallado presupuesto forman parte de la exposición “Océano Interior” y se despliegan en una vitrina.
Nacida en Roma, Bini ocupa desde 2025 el cargo de directora del Programa Arts at CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear) en el mismo lugar en Ginebra donde en 2009, a través del colisionador de hadrones (LHC por sus siglas en inglés), se descubrió el bosón de Higgs, que pasó a la cultura popular como “la partícula de Dios”.
Desde 2015, el CERN impulsa este programa que busca relacionar la forma de investigación científica con las prácticas expandidas del arte contemporáneo en su vínculo con la tecnología.
Bini tomó el lugar de la española Mónica Bello , quien instaló el espacio artístico del CERN en la escena europea y promovió la experimentación acercando a creadores de todo el mundo al lugar desde donde Tim Berners Lee lanzó la World Wide Web en 1989 y donde se encuentra el LHC, cerrado ahora hasta 2030 por cuestiones de mantenimiento.
En sociedad con el programa Presente Continuo, de la Fundación Bunge y Born y la Fundación Williams, Bini puso en diálogo al CERN con el Observatorio Pierre Auger, ubicado en Malargüe (Mendoza) para que el artista sonoro argentino Juan Sorrentino y la suiza Céline Manz produzcan obra nueva a partir de las investigaciones científicas que se llevan a cabo en estos centros de punta.
Mientras se le traduce el contenido del proyecto de Williams, Bini, doctora en filosofía y curadora, recuerda su visita del día anterior al taller de Gyula Kosice en Almagro, donde pudo interiorizarse en la obra del creador de la Ciudad Hidroespacial.
Pregunta si hay algo así, como las ciudades de Williams y Kosice, en el umbral de la utopía en la Argentina hoy.
La respuesta, había dicho Dylan, queda soplando en el viento (aunque en la sala de un museo no estén dadas las condiciones atmosféricas).
En cualquier caso, la entrevistada es ella, y la conversación se desarrolla en una sala especialmente adaptada para la ocasión en un hotel del microcentro. -La relación ente el arte y la ciencia podría remontarse al ingreso de la óptica en el Renacimiento y la escuela holandesa.
Pero situémonos en los siglos XX y XXI.
Las primeras comunidades como E.A.T (Experimentos en Arte y Tecnología) de los 60 parecían movidas por la contracultura, con cierta expectativa utópica.
Hoy las Bienales toman el arte tecnológico como una reflexión crítica sobre el progreso científico.
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