El parque nacional que fue estancia ganadera y recibe niños en edad escolar todo el año
Altísimas y estoicas, las palmeras yatay son las que mandan en el PN El Palmar, sobre la RN 14 y al sur de Ubajay, en Entre Ríos.
Encarnan una dinastía que llega a los 300 años, aunque cueste su reproducción.
Abocados a cuidarlas y propagarlas están Luis Rojas, Emiliano Francisconi e Iván Planté, guardaparques de esta área protegida de 8213 hectáreas que fue estancia ganadera y propiedad de Samuel Sáenz Valiente.
Creado en 1966, el parque vela por el palmar, pero también por su pastizal.
La Butia yatay es una especie ignífuga que tiene una única yema de crecimiento.
Hace hojas una vez al año y eso permite calcular su edad.
Crece en suelos arenosos formando agrupaciones más o menos densas y puede medir hasta 18 metros de altura.
En sus troncos y copas se refugian y nidifican muchas aves como carpinteros, cotorras y halconcitos colorados.
Entre enero y marzo produce un fruto anaranjado, el yatay, que es carnoso, de sabor agridulce.
Se usa en gastronomía, pero además es gran alimento para cotorras, ñandúes, zorros y corzuelas, entre otros animales.
Además, la palmera yatay tiene una particularidad: puede ir decumbiendo.
Es decir, se apoya y cae lentamente antes de morir.
Junto al Centro de Visitantes (antiguas caballerizas) hay un vivero de plantas nativas donde hacen ensayos experimentales para ayudarlas a germinar.
Mientras que en el campo tardan entre tres y 15 años, aquí lo hacen en seis meses si utilizan el sistema de cama caliente, bancos cubiertos con una tela, y en tres si recurren a incubadoras, el método más promisorio.
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