Ni billetera libre ni control total: el desafío de educar a los hijos en la era del dinero invisible
Mi hija tiene dos años y piensa que una moneda es de chocolate.
Su interpretación tiene bastante lógica: casi nunca me ve utilizar una.
Cuando compramos algo, no observa un intercambio.
Ve que acerco el teléfono o una tarjeta y nos vamos.
Para ella, como para tantos niños, el dinero no se entrega, no disminuye y aparentemente tampoco se termina.
En ese contexto, muchos padres se preguntan por qué sus hijos “no valoran el dinero”.
Pero el valor no se aprende solamente escuchando cuánto cuesta ganarlo.
Se construye al observar decisiones, participar de ellas, esperar, elegir y comprobar que comprar algo implica renunciar a otra cosa.
La digitalización volvió más difícil ese aprendizaje.
El consumo continúa siendo visible, pero su costo se volvió abstracto.
Pagar con efectivo suele generar mayor incomodidad que hacerlo con una tarjeta o una billetera virtual: vemos cómo los billetes se van y cuánto queda.
En cambio, la tecnología reduce la saliencia del pago y elimina pequeñas fricciones que antes introducían una pausa entre el deseo y la compra.
Esa pausa importa especialmente durante la adolescencia, cuando la recompensa inmediata tiene un peso considerable y todavía se están desarrollando capacidades como la planificación, el control de impulsos y la evaluación de consecuencias futuras.
Pero frente a ese riesgo, la respuesta no debería ser reemplazar la falta de límites por el control absoluto.
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