Hagámoslo viable
Siete de cada diez trabajadores en el Perú son informales.
Llevamos décadas lamentándolo, creando regímenes especiales, aprobando estrategias, aumentando la fiscalización y anunciando, gobierno tras gobierno, que llegó la hora de la formalización.
Los resultados, sin embargo, siguen siendo pobres.
Quizás sea momento de mirar el problema desde otro ángulo: ¿qué tan viable resulta ser formal en el Perú? Una primera pista está en nuestra productividad.
Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) , la productividad laboral peruana alcanzó, los US$ 30,212 por trabajador ajustados por costo de vida en 2025, apenas 3.1% más que en 2023.
Con ello, ocupamos el puesto 24 entre 31 economías de América Latina y el Caribe .
Peor aún, producimos menos de la mitad por trabajador que Chile y Argentina , y nos encontramos también por debajo de Colombia y México .
Esto importa mucho para hablar de formalidad.
Una empresa puede pagar mejores salarios y asumir mayores beneficios laborales en la medida que cada trabajador genere suficiente valor para financiarlos.
Cuando la productividad es baja, ese margen se reduce.
Según el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo , en el régimen laboral general los costos laborales no salariales representan un 62.2% adicional a la remuneración.
La empresa, finalmente, decide sobre el costo laboral total, no sobre el sueldo de bolsillo.
Si, además, añadimos trámites, rigideces, incertidumbre regulatoria y un sistema tributario complejo, no debería sorprendernos que muchas empresas no crezcan, permanezcan pequeñas o terminen operando total o parcialmente en la informalidad.
Así aparece un círculo difícil de romper.
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