Por qué la actividad física y el trabajo de fuerza ganan relevancia clínica a medida que envejecemos
Un análisis publicado en JAMA Network Open encontró una asociación entre el cumplimiento de las recomendaciones de actividad física y una menor mortalidad en adultos de 20 a 97 años.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Scientific Reports concluyó que, en adultos mayores con sarcopenia, el ejercicio mejora la masa muscular, la fuerza y el rendimiento físico .
La revisión más reciente reunió 72 estudios y analizó a 6.204 adultos mayores con sarcopenia, una enfermedad degenerativa crónica caracterizada por la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular.
El trabajo mostró que el ejercicio fue superior a las condiciones de control para mejorar masa muscular, fuerza y rendimiento físico, aunque no encontró efectos significativos sobre la calidad de vida.
Ese giro en la literatura desplaza parte de la atención desde el ejercicio aeróbico hacia la preservación de la fuerza.
En la comparación directa entre modalidades, el entrenamiento de resistencia superó al aeróbico para aumentar la masa muscular.
El estudio de JAMA Network Open reunió datos de 2.011.186 personas procedentes de cuatro grandes cohortes de Estados Unidos , Reino Unido , China y Taiwán : National Health Interview Survey, UK Biobank y China Kadoorie Biobank .
La investigación incluyó adultos de entre 20 y 97 años, con una edad media de 49,1 años, y registró 177.436 muertes tras una mediana de seguimiento de 11,5 años.
Según el estudio, la relación entre actividad física recreativa y mortalidad por todas las causas siguió un patrón no lineal de dosis-respuesta.
En el conjunto de la muestra, alcanzar la recomendación de actividad física se asoció con una razón de riesgo de 0,78, es decir, con una menor mortalidad frente a no cumplirla.
La asociación fue constante en todos los grupos etarios, pero la magnitud del beneficio creció con la edad.
En la comparación por franjas, la razón de riesgo fue de 0,84 entre los 20 y 29 años y de 0,78 en quienes tenían 80 años o más.
El mismo trabajo comparó la actividad física con otros factores modificables de salud: nivel educativo alto, no fumar, no consumir alcohol regularmente, peso saludable y ausencia de hipertensión y diabetes .
Allí apareció una diferencia central: mientras el vínculo entre esos factores y la mortalidad se debilitó con la edad, el efecto asociado a la actividad física se mantuvo e incluso se reforzó en edades avanzadas.
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