Annie Coleman, embajadora de Stanford: “La vida es reinvención y, en una vida más larga, la gente tendrá que reinventarse varias veces”
Para Annie Coleman “la longevidad no es solo sumar años , sino sumar vida a esos años”.
La experta británica trabajó más de cuatro décadas en empresas globales y es testigo de las diferentes actitudes que adoptan las corporaciones frente al paso del tiempo en la carrera de sus ejecutivos.
Desde esta perspectiva, cuestiona el modelo tradicional de retiro y propone que la acumulación de años, lejos de ser un estigma, se transforme en un activo estratégico.
No habla de jubilación, sino de reinvención.
A los 66 años, Coleman encarna esa idea.
Como embajadora global del Stanford Center on Longevity se ocupa de tender lazos entre la ciencia de la longevidad, por un lado, y el liderazgo corporativo y el desarrollo personal por otro.
Fundó la consultora RealiseLongevity desde donde asesora a directorios y CEOs para replantear la estrategia corporativa y el capital humano con una mirada puesta en vidas más largas.
Ayuda a las empresas a responder al envejecimiento de la población , planificar carreras en múltiples etapas y aprovechar las oportunidades de la nueva economía de la longevidad.
Rafael Hidalgo, entrenador: “Si una persona de más de 70 años camina 20 minutos al día, ya se obtienen beneficios Plantea la longevidad como una reinvención... – La vida es reinvención y, en una vida más larga, la gente tendrá que reinventarse varias veces porque ya no funcionará el esquema a la antigua: educación, trabajo y retiro.
En el futuro, el recorrido será más flexible y menos lineal: alternará etapas de formación, actividad laboral, pausas de tiempo libre y reciclaje profesional.
Por eso, el aprendizaje permanente será necesario para todos. –¿Por qué le surgió ese interés particular por la longevidad? –Tenía 50 años y trabajaba de manera independiente en mi propia consultora.
A esa edad, asumía que iba a hacer eso durante el resto de mi carrera.
Pero me ofrecieron un puesto en el banco UBS y yo misma no podía creer que, a los 52 años, quisieran contratarme.
Eso me hizo darme cuenta de que yo misma había internalizado prejuicios edadistas . ¿Por qué no iba a ser de interés para una empresa, si todavía tenía mucho para aportar? De algún modo, me estaba autoimponiendo límites que reflejan una mirada bastante extendida en la sociedad.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Salud.