A los 60 años se enamoraron sin haberse visto, la pandemia los mantuvo separados y él dejó su ciudad para empezar una vida juntos
Pasamos por un montón de lugares hasta que un día sentimos que llegamos a casa .
Alejandro tenía 58 años cuando empezó a preguntarse por qué sus relaciones no habían funcionado como esperaba.
“ Me casé a la típica edad que se casa la gente, en los 80, a los 24 años ”.
Después de 27 años de matrimonio y dos parejas posteriores que tampoco prosperaron, sintió que necesitaba entender qué lugar ocupaba él en esos vínculos: “Siempre fui curioso sobre la cuestión emocional, quería entender esto de la adicción a las personas”.
Entonces hizo un curso sobre codependencia que, según cuenta, le cambió la manera de mirar sus relaciones.
“ Me identifiqué .
Me costaba terminar un vínculo.
O lo hacía durar más.
Y resulta que, ¿viste cuando remás solo y te das cuenta de que no vas a ningún lado?”, hace la pregunta retórica.
Así, aprendió sobre la idealización, la necesidad de sentirse querido y sobre aquellos patrones que pueden llevar a repetir historias conocidas aunque no hagan bien.
“Me cambió la cabeza.
A veces pasa que ves una percha, le ponés luces de colores, guirnaldas y pensás que es un árbol de Navidad.
No, es una percha”, ejemplifica, en parte, para no olvidar su karma.
“Muchas veces uno busca que alguien venga a salvarte, como nos decían cuando éramos chicos, que el amor todo lo puede.
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