El enclave de Tarragona que combina restos medievales, aguas mediterráneas y caminos entre naturaleza
Tamarit, en el municipio de Tarragona, conserva un antiguo núcleo amurallado que conecta patrimonio medieval , playas y un espacio fluvial protegido.
Un ejemplo perfecto donde la tierra entra en el Mediterráneo para dejar una imagen digna de postal .
El conjunto reúne en un radio reducido el recinto conocido como Vila Closa , los restos del castillo que dominó estas playas, la cala situada a sus pies y la desembocadura del río Gaià, catalogada como zona húmeda de interés natural .
La disposición del terreno permite recorrer en una sola visita elementos de naturaleza muy diversa.
El castillo se levanta junto al mar , con una pequeña cala a sus pies, mientras que a pocos minutos aparecen la playa de Tamarit y otros arenales del entorno, como la playa de la Móra.
Esta cercanía convierte el desplazamiento entre el patrimonio histórico y el litoral en un recorrido corto, sin necesidad de trasladarse a otros puntos del municipio.
El área forma parte de la ruta medieval de Tarragona , según Tarragona Turisme, el portal oficial de turismo del ayuntamiento.
La documentación disponible sitúa el origen de Tamarit como un antiguo pueblo junto al mar que se alzó sobre un promontorio rocoso y del que aún perviven en relativo buen estado el recinto amurallado y algunos restos del castillo original.
El palacio medieval conserva iglesia románica, torres y muralla del siglo XIV El conjunto que rodea el castillo incluye las antiguas prisiones municipales, la iglesia de la Asunción, la vicaría, la casa del Comú, la plaza de la iglesia, dos torres, varias casas, una batería del siglo XVI y los restos de la muralla construida en época de Pedro III el Ceremonioso , según detalla Tarragona Turisme.
La iglesia románica, con tres naves cubiertas por bóvedas de cañón y cabecera recta, figura entre los ejemplos más tempranos de este estilo arquitectónico en el término municipal.
El castillo aparece documentado desde el siglo XI y fue destruido durante la guerra dels Segadors, en el siglo XVII.
El recinto atravesó después distintas etapas de propiedad.
Desde 1681 perteneció al arzobispo de Tarragona y a los marqueses de Tamarit , hasta que a comienzos del siglo XX lo adquirió un coleccionista de arte estadounidense, de acuerdo con la información del portal municipal.
Esa transformación posterior dio a la fortificación el aspecto que conserva en la actualidad, con jardines y espacios reformados que conviven con los restos originales.
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