La inflación argentina
Las economías siempre se desenvuelven en diversos contextos de “climas de épocas” o ciclos de “humores sociales” y en diferentes situaciones políticas.
Pero ello no significa, como generalmente se interpreta, que la sola “voluntad política” pueda “torcer” los fundamentos del arte de las buenas prácticas de la administración de las economías, especialmente de las cuentas públicas.
La muy relevante contribución positiva, que puede y debe efectuar la política a la economía, es la de asegurar la mayor confianza posible de una sociedad, tanto entre sus diversos entramados productivos como en la creencia común de contar con la potestad del poder público; esto es la confianza de un poder político capaz de sostener la validez ejecutiva de un conjunto suficiente de reglas económicas estables en el largo plazo, relativamente racionales y fáciles de interpretar.
Antes, eran las propias coronas de los distintos reinos las que dictaban las reglas económicas en sus dominios territoriales.
Ahora son los presidentes y/o los primeros ministros ejecutivos de los países, mediante las diversas instituciones económicas de sus sistemas de gobierno, con sus diversidades de calidades institucionales relativas, los que fijan las reglas económicas y generan los incentivos a su cumplimiento.
Aquellas reglas económicas que permitan las mejores y mayores interacciones posibles de los ahorristas con los inversores; de los consumidores con los productores y los comerciantes; de los usuarios con sus proveedores; de los empleados con los empleadores y de los empresarios con los trabajadores, con las finanzas y con las innovaciones de las tecnologías, etc.; serán las que propiciarán un mayor progreso relativo compartido de las sociedades.
Como una necesaria presentación de la complejidad actual de los contextos sociales y políticos, resulta pertinente recordar lo que el politólogo Juan Iramain comentaba acerca de una reunión de su especialidad realizada en Estados Unidos hace más de una década.
Allí, un expositor iniciaba su alocución con una frase muy intrigante: “Recuerden en Latinoamérica 3 números: 60, 30 y 0”.
Y explicaba: el 60% promedio son las personas y familias que se consideran , y quizás definitivamente, como pertenecientes al amplio sector llamado “clase media” .
Pero solo la mitad, el 30% del total de la población , realmente lo son.
Por último, el 0% era la pesimista expectativa media del crecimiento económico promedio de aquellos años , luego de haber atravesado la región aquel “súper ciclo” de elevados precios relativos de los alimentos, de la energía y de los minerales, de la primera década del actual siglo XXI.
Agregaba luego aquel mismo expositor un número más: el 13.
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