La dieta cerebral: una tarde sin Instagram no nos modifica
Algo distingue a nuestra sociedad de generaciones anteriores: nunca supimos tanto sobre alimentación ni tuvimos tantas teorías acerca de lo que deberíamos o no deberíamos comer. Keto, ayuno intermitente, dieta flexitariana, Whole30… las opciones se multiplican y basta buscar una para que el algoritmo nos sumerja en diez más.
Pero pocas veces nos ocupamos de una dieta que, para mí, es fundamental y que yo llamo la dieta cerebral .
¿Te has preguntado alguna vez qué consume tu cerebro? ¿De qué se alimenta cotidianamente? ¿En qué focaliza su atención?
Desde hace un tiempo hay tres preguntas que me gusta hacerme. ¿Con quién comparto mi mesa mental?
Pasar tiempo junto a alguien que interpreta sistemáticamente las situaciones desde la amenaza, la queja o el pesimismo puede influir en nuestro propio estado emocional.
La psicología estudia desde hace décadas este fenómeno bajo el nombre de contagio emocional : en nuestras interacciones somos sensibles al clima emocional de quienes nos rodean. Y no recibimos solamente palabras. Un gesto, un tono de voz, una postura o un silencio también comunican. Esa influencia, además, puede producirse en entornos digitales.
¿Qué picotea permanentemente mi cerebro? Un reel. Otro. Una noticia. Una tragedia. Una receta. Una guerra. Una influencer perfecta. Un perro bailando. Otra noticia. Todo en tres minutos. ¿No te suena?
El consumo intensivo de contenido breve y rápidamente cambiante se ha asociado en investigaciones recientes con peores indicadores de atención y control inhibitorio , además de mostrar relaciones con ansiedad, estrés y bienestar psicológico.
No se trata de demonizar las redes sociales. Se trata de observar qué estamos consumiendo y cómo estamos utilizando nuestra atención.
¿Qué platos me sirvo a mí misma? “No voy a poder.” “No soy buena para esto.”
La manera repetida en que interpretamos determinadas situaciones puede contribuir a consolidar patrones de pensamiento y de respuesta emocional .
Todos sabemos hacer dieta durante unos días. Lo difícil es convertir una elección saludable en un hábito. Con nuestro cerebro sucede algo parecido.
No consiste en cambiar “No voy a poder” por “Soy maravillosa y puedo con todo”. Eso sería un pensamiento positivo forzado. La reevaluación puede ser mucho más realista: “Esto me cuesta y todavía no sé hacerlo. ¿Qué necesitaría aprender para intentarlo?” .
Porque, al igual que ocurre con la alimentación, una dieta imposible de sostener termina abandonándose. La dieta cerebral tampoco propone vivir sin redes, sin personas difíciles o sin pensamientos negativos. Eso sería imposible.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.rionegro.com.ar — el contenido pertenece a Diario Río Negro.