¿Estamos cerca del fin del tratamiento diario para el VIH?: el reto de la medicina por dominar una enfermedad controlable, pero incurable
Durante más de cuatro décadas, uno de los grandes objetivos de la investigación sobre el Virus de la Inmunodeficiencia Humana ( VIH ) ha sido conseguir que la enfermedad pueda permanecer controlada sin necesidad de un tratamiento antirretroviral continuo.
Hoy, gracias a los medicamentos disponibles, una persona diagnosticada y tratada puede llevar una vida larga y saludable, y cuando mantiene una carga viral indetectable no transmite el VIH por vía sexual.
Sin embargo, todavía no somos capaces de eliminar el virus del organismo, algo que no solo implica que el paciente dependa de forma crónica de un tratamiento (ya sea tomándolo diariamente o unas pocas veces al año con los fármacos de acción prolongada), sino que también puede acarrearles, en muchas ocasiones, el sufrimiento de un estigma social .
Ese es precisamente el problema que intenta abordar una nueva estrategia basada en anticuerpos ampliamente neutralizantes.
Los resultados del ensayo internacional RIO, que acaban de ser publicados en la revista Nature Medicine , muestran que la combinación de dos anticuerpos han conseguido retrasar de forma notable el rebote viral después de interrumpir temporalmente la terapia antirretroviral.
Una enfermedad controlable, pero incurable La diferencia entre controlar el VIH y curarlo es fundamental.
Los antirretrovirales impiden que el virus se multiplique y permiten que el sistema inmunitario se recupere.
No obstante, una pequeña cantidad de material viral puede permanecer en determinadas células, formando lo que se conoce como reservorio viral.
Mientras una persona continúa tomando tratamiento, ese reservorio permanece generalmente bajo control; cuando se interrumpe la terapia, algunos virus pueden volver a replicarse y provocar un rebote de la carga viral.
Por ello, la investigación sobre una posible remisión no consiste simplemente en encontrar un medicamento que reduzca la cantidad de virus en sangre.
El desafío es conseguir que el propio sistema inmunitario, ayudado por otras intervenciones, mantenga a raya el virus residual durante largos periodos.
Según datos de ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en torno a 41 millones de personas vivían con VIH en el mundo en 2025, lo que equivale a toda la población de Canadá.
Además, ese mismo año se produjeron alrededor de 1,3 millones de nuevas infecciones y 630.000 muertes relacionadas con el SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), la fase más avanzada del VIH.
Los avances son enormes respecto a décadas anteriores, pero también muestran que la respuesta mundial todavía tiene importantes brechas.
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