Algo debe cambiar en materia de patentes
La Argentina está floja de papeles en materia de patentes y esto debe ser necesariamente parte del debate que el Congreso se apresta a continuar en la sesión prevista para hoy en la Cámara de Diputados .
Se trata de un procedimiento destinado a estandarizar y simplificar en sus inicios la solicitud internacional de patentes , aunque cada país tendrá la última palabra a la hora de aceptar o rechazar el trámite.
El tema patentes comenzó a tratarse en el Congreso en 1998 en nuestro país, con un enorme y por momentos desgastante debate en el que algunas posiciones resultaron irreductibles, por lo que nunca se pudo avanzar hasta hoy.
La oportunidad la brinda en bandeja la necesidad de aplicar en algún momento el acuerdo de comercio e inversiones que el presidente Javier Milei firmó este año con su colega de los Estados Unidos, Donald Trump .
Ese entendimiento incluye entre sus reglas que el país adhiera al tratado internacional de cooperación en materia de patentes (PCT, por sus siglas en inglés).
Se trata de un convenio que hasta aquí han ratificado 158 países incluyendo a potencias mundiales como los Estados Unidos , China , Japón y Alemania , y a vecinos como Chile y Uruguay .
La renuencia de nuestro país a adherir al PCT se ha fundado en eslóganes tan falaces como populistas del tenor de “ beneficiaría principalmente a empresas extranjeras de alta tecnología ” y “ podría fortalecer posiciones monopólicas en sectores como farmacia, biotecnología, química, y demás ”.
Hay, como se sabe, gente que ha trabajado con tanto esmero por el mantenimiento del statu quo que se ha jubilado en la Argentina en calidad de lobbystas de laboratorios privilegiados por aquellas consideraciones.
La contracara de la posición ideológica dominante por larguísimo tiempo ha sido que, por el contrario, las empresas tecnológicas argentinas se beneficiarían enormemente con un cambio, mientras que se facilitaría la internacionalización de startups y la repercusión de la labor científica de nuestras universidades, y se haría más atractiva la inversión extranjera en nuevas tecnologías.
Estar a esta altura fuera del PCT resulta más que llamativo como actitud nacional.
Pero tampoco somos parte del Protocolo de Madrid sobre marcas, uno de cuyos propósitos esenciales es facilitar las solicitudes que se formulen sobre protección de derechos intelectuales.
Y, de igual modo, todavía somos ajenos al Protocolo de La Haya , referido a diseños industriales, es decir, a las formas ornamentales que distinguirán a un producto respecto de otros.
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