Lanús levantó vuelo con Marcelino Moreno y le cerró el paso a Vélez a la cima de la Tabla Anual
Lanús se parece más al que obtuvo las copas Sudamericana y la Recopa cuando lo tiene a Marcelino Moreno.
El N° 10 es el cerebro, el toque y la pausa en el Granate, que lo extrañó mucho en las primeras nueve fechas del Clausura, tiempo que le tuvo que dedicar a una larga recuperación tras una operación.
Parece moverse en puntas de pie, en movimientos sigilosos, casi todos con una utilidad futbolística, ya sea para provecho individual o colectivo.
En las dos jornadas anteriores fue sumando minutos desde el banco y le alcanzó la primera titularidad en este semestre para ser la figura en la victoria 2-0 ante un Vélez al que no siempre lo pueden sostener sus pibes, varios de ellos obligados a crecer de golpe por las circunstancias.
Moreno (31 años) volvió en forma y se lo retribuyó con un abrazo al preparador físico Gabriel Macaya: “Le tengo mucho aprecio, es alguien que me ayudó en los momentos difíciles y le estoy muy agradecido.
Hicimos un partido inteligente, golpeamos en el momento justo y defendimos bien”.
Cuando fue reemplazado a los 36 minutos del segundo tiempo se llevó la ovación de sus hinchas.
Había sido el artífice de una victoria que tuvo una diferencia más en consonancia con lo que había sido el desarrollo con el segundo gol en el cuarto minuto adicionado, tras un remate de Ramiro Carrera que dio en un poste y rebotó en la espalda del arquero Marchiori.
Sea porque es consustancial a su proyecto futbolístico o por necesidad, Vélez promueve constantemente juveniles de sus inferiores.
En este tramo trascendente de la temporada, las lesiones de Lanzini y Pellegrini, dos piezas que aportan madurez y volumen ofensivo, obligaron a Guillermo Barros Schelotto a incluir a Thiago Aguirre y Juan Policella, ambos de 17 años.
El fogueado doble pivote central que integran Robertone y Aliendro debía sostener a una línea de tres media-puntas (Arias, Policella y Aguirre) con características comunes en cuanto a la explosividad para encarar.
Son desinhibidos para gambetear.
Más allá de cuestiones generacionales, de futbolistas con más o menos recorrido en primera división, Vélez casi nunca renuncia a jugar de igual a igual, independientemente de la envergadura del rival de turno.
Este lunes le tocó enfrentar a un Lanús trabajado desde hace tiempo por la mano de Mauricio Pellegrino, que a sus equipos les imprime aplomo, equilibrio y, cuando es local, una cuota mayor de ambición, sin excederse con la audacia ni tomar excesivos riesgos.
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