“No las elegí, ellas me llamaron”: la historias del hombre que cruzo las Torres Gemelas caminando por el abismo en los 70
Corría el año 1968 .
Un joven francés de 18 años estaba sentado en la sala de espera de un dentista, en París, hojeando una revista mientras esperaba que lo atendieran.
Ahí, entre anuncios y noticias que no le importaban demasiado, se topó con un artículo sobre un proyecto arquitectónico en Nueva York: dos torres gemelas, las más altas del mundo, que todavía ni siquiera estaban terminadas de construir.
El artículo venía con un dibujo, una especie de boceto de cómo se verían esas dos torres una vez levantadas.
El joven se llamaba Philippe Petit .
Y en ese instante, mirando ese dibujo en una revista vieja de una sala de espera, sintió algo que él mismo, muchos años después, describiría casi como un llamado.
No una decisión, no un plan: un llamado.
Tomó una lapicera y, sobre el dibujo de las dos torres, trazó una línea que las unía por arriba.
Y ahí, sin saberlo todavía del todo, firmó una promesa consigo mismo que le iba a llevar seis años de su vida cumplir.
Porque Philippe Petit no era arquitecto, ni ingeniero, ni tenía ningún interés particular en Nueva York.
Philippe Petit era funambulista.
Caminaba en cuerdas altas.
Y lo que vio en ese dibujo no fue un edificio: fue un espacio vacío entre dos puntos, esperando que alguien lo cruzara.
Para entender lo que pasó después, hay que entender primero quién era este hombre.
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