La casona de Chacarita que revivió con un restaurante donde manda el fuego
Caminar por este tramo de Fitz Roy, en Chacarita , remite inevitablemente al poema Buenos Aires, donde Jorge Luis Borges describe a la ciudad como “una larga calle de casas bajas, que pierde y transfigura el poniente”.
Aunque han pasado décadas desde aquella imagen, algunas de esas viviendas aún sobreviven y encuentran una nueva vida convertidas en proyectos gastronómicos.
Asadero es una de ellas.
El restaurante funciona en una casona de principios del siglo XX que fue restaurada especialmente para albergar el proyecto.
Detrás de la fachada se despliega un amplio jardín con una imponente palmera, una piscina espejo y un fogonero que anticipa el protagonismo del fuego en la experiencia.
La intervención, realizada por el Estudio Bulla, buscó preservar la identidad original de la construcción mediante el uso de materiales nobles y texturas naturales.
Incluso los ladrillos del patio fueron traídos especialmente desde Mendoza, elegidos por su color y su carácter artesanal.
La propuesta gastronómica también dialoga con las raíces, aunque desde una mirada contemporánea.
Aquí la cocina gira en torno al fuego, la estacionalidad y los productos de calidad.
Horno a leña, parrilla y una barra para pocos comensales conforman un escenario donde las brasas son mucho más que una técnica de cocción : son el lenguaje común de toda la carta.
“El hilo conductor del proyecto es el carbón y los distintos tipos de leña.
Todo pasa por las brasas, desde los pescados y vegetales hasta las salsas que calentamos.
Aunque tenemos gas, el fuego es central”, cuenta Juan Pedro Rastellino, chef al frente de Asadero .
Con una larga trayectoria en restaurantes de Argentina y Europa, trabajó incluso en L’Aubergade de Michel Trama, el reconocido establecimiento francés distinguido con estrellas Michelin.
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