A oreja por coleta en la tarde del buen debut de Marco Pérez en Bilbao
Paco Aguado Bilbao, 28 ago (EFE).- La penúltima de las Corridas Generales de Bilbao se saldó este viernes con una oreja para cada uno de los tres diestros que hicieron el paseíllo, pero entre los que destacó especialmente Marco Pérez, el jovencísimo matador que, de no fallar con la espada, hubiera abierto con mucha holgura la puerta grande del coso de Vista Alegre.
El adolescente salmantino tuvo una actuación de gran nivel, tanto con su primero, un toro muy exigente por sus complicaciones, como con el sobrero que lidió en sexto lugar, que, para compensarle, dio un juego excelente por su brava e incansable profundidad.
El hecho es que el novísimo matador que se destacó por su ligera frescura en el escalafón menor, en su versión de 'niño prodigio', dio con esos dos toros tan distintos hoy en Bilbao, la segunda plaza de primera que pisa desde su alternativa, una dimensión más trascendente y prometedora.
Ese mayor cuajo fue con el que asumió la lidia de un tercero que, sin fijeza ni entrega alguna, manseó por toda la plaza, como casi todos sus hermanos de camada, en los dos primeros tercios hasta que Pérez lo fijó con mucho mando en el inicio del trasteo de muleta.
Pero ni así rompió a embestir el de Domingo Hernández, sino que siempre se movió al paso, reservándose y probando en cada pase, sin regalar ni una sola de sus cortas arrancadas, en una dura papeleta que, en cambio, el torero charro resolvió afianzándose más sobre la arena.
Sin una duda, sino con un intencionado valor, logró así desengañarle y hacerle ir a más en el tramo final con una madurez y una seguridad impropias de su incipiente nivel como torero de alternativa.
Y aun le dio incluso para adornarse con unas ajustadas mondeñinas antes de perder un más que seguro trofeo con dos pinchazos antes de la estocada.
Al haberse corrido turno tras devolverse el colocado como tercero, lidió después de sexto a un sobrero más hondo que el resto de la corrida aunque igual de abanto de salida, lo que Marco Pérez aplacó fijándolo en los medios con una asombrosa facilidad.
Tal vez por eso, porque no le dejó desarrollar ese defecto, acabó rompiendo a embestir enseguida el colorado, al que el salmantino llevó al caballo con ritmadas chicuelinas al paso para luego lucirse, girando con el capote a la espalda, con el vistoso 'quite de oro' del legendario mexicano Pepe Ortíz.
La apertura con la muleta, en los mismos medios, no fue menos espectacular, con un pase cambiado y, sin solución de continuidad, una serie de derechazos de rodillas en los que se hizo totalmente evidente la clase y la profundidad del animal, no menos exigente por eso mismo.
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