“Nico y las bolitas de arena”: Un cuento infantil propone hablar sobre exclusión, empatía, violencia escolar y el derecho de los niños a pertenecer
La escritora peruana Janice Ferrand Seminario presentó “Nico y las bolitas de arena” , su tercer libro publicado, una historia dirigida a la primera infancia que plantea preguntas sobre el asombro, la exclusión y la necesidad de pertenecer .
La obra llega en un momento en que el acoso escolar y la reacción de quienes presencian situaciones de violencia volvieron a ocupar el debate público en Perú .
El cuento sigue a Nico, un niño que se detiene a observar unas bolitas de arena en la playa.
Mientras otros pasan de largo, él encuentra interés en aquello que parece pequeño o inadvertido.
Esa disposición ante el entorno, que la autora vincula con una capacidad particular de asombro, provoca la incomprensión de sus compañeros, quienes comienzan a apartarlo y a llamarlo “raro”.
La publicación también se relaciona con una preocupación educativa más amplia.
Ferrand Seminario aludió a una caída de 10 puntos en comprensión lectora en las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes ( PISA ) y sostuvo que la lectura compartida puede convertirse en una herramienta para hablar sobre emociones, vínculos y conflictos cotidianos desde edades tempranas.
Nico enfrenta el rechazo por mirar aquello que otros no ven La historia presenta el aislamiento desde la perspectiva de un niño que no logra ser entendido por su grupo más cercano.
Nico enfrenta la distancia de sus amigos a partir de una sensibilidad que ellos no comparten, aunque el relato no queda fijado en la exclusión.
El personaje encuentra una forma de acercarse a quienes lo habían marginado y abre una posibilidad de diálogo.
Para la autora, el punto de partida del libro está en la diferencia como una experiencia que puede generar rechazo entre los chicos.
La necesidad de integrarse adquiere una intensidad especial entre los siete, ocho y nueve años, una etapa en la que el grupo de pares comienza a tener un peso decisivo en la vida cotidiana.
Un niño que no tiene amigos en la escuela, que recibe agresiones o queda al margen de una actividad puede percibir esa situación como una condición permanente.
Todavía no cuenta con suficientes referencias para imaginar que su entorno puede cambiar ni que habrá otros grupos y vínculos fuera de ese presente.
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