Cuando los hijos de quienes fueron apropiados durante la dictadura tienen sus propios hijos: “El mar vacío”, una novela sobre la identidad heredada
No me fue fácil escribir esta novela, por varios motivos.
El primero porque nunca había escrito antes ficción.
Publiqué un par de libros sobre el clientelismo político, pero son libros de índole sociológica o ensayista.
No había en ellos que “inventar” historias, ni construir personajes.
Lo que hice entonces fue tratar de transmitir con crudeza, de forma filosa, los hechos que fueron apareciendo en El mar vacío .
Hace unos 15 años, un grupo de profesionales de las ciencias sociales nos percatamos de un tema que se vendría con el paso de los años.
Los bebés apropiados por la dictadura habían crecido, ya eran adultos y estaban en edad de tener sus propios hijos.
Pensamos que al hecho horrible de que una persona viva desconociendo su verdadera identidad (y en algunos casos pensara que sus padres eran los asesinos de sus padres biológicos) se le agregaba que cuando éstos jóvenes tuvieran su propia descendencia, sus hijos nacerían con una identidad también falsa.
Entonces, pensamos: la dictadura –varias décadas después de haber finalizado- continúa cometiendo crímenes porque cada vez que un hijo de uno de aquellos bebés apropiados nace, un nuevo delito se constituye .
La investigación fracasó por motivos domésticos, pero quedaron en mi poder (además de la idea que me presionaba emocionalmente) un cúmulo de material teórico sobre el tema de la identidad y una serie de entrevistas que habíamos realizados con personas que habían sufrido la apropiación de identidad y luego habían sido restituidas.
Resolví utilizar ese material (que me daba pena que no estuviera en la agenda pública) para pensar esta nueva etapa de la búsqueda de los “apropiados”.
Me decidí, pese a mi inexperiencia, por la ficción.
Mi formación académica tuvo un par de años en la por entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Plata y el Trabajo Social , que ha sido –junto con mi militancia política y social- a lo que me dediqué toda la vida. ¿Por qué lo digo? Porque esa experiencia personal me indicó que el tono del texto debía ser claro y directo, como si fuera una crónica periodística .
Digamos que El mar vacío es una crónica periodística apócrifa, y por eso opté porque el narrador fuera un periodista.
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