Qué escribe Ariana Harwicz, la autora argentina vetada en el festival de Granada
La semana pasada, cuando el Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CULTUR-ALH de Granada la retiró de su cartel a último momento, Ariana Harwicz respondió desde su cuenta de X con pocas palabras: “Cedieron a la presión de militantes.
Cedieron al terror.
Será un festival sin disidencia”.
El episodio —una exclusión a causa de sus posiciones contra el boicot cultural a Israel— convirtió su nombre en tendencia, generó una intervención diplomática de la Embajada Argentina y despertó el interés de miles de lectores que se preguntaron lo mismo: ¿quién es esta escritora y sobre qué escribe? La respuesta no es sencilla, y Harwicz probablemente preferiría que no lo fuera.
Una escritora argentina que lleva casi veinte años en la campiña francesa Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977, en el seno de una familia judía ligada al mundo del cine.
Su padre trabajó en la industria cinematográfica argentina, y ese entorno marcó su formación: estudió guion en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica y dramaturgia en la Escuela de Arte Dramático , antes de ampliar su trayectoria en Francia con estudios en Artes del espectáculo en la Universidad París VIII y un máster en Literatura comparada en La Sorbona .
Ese perfil híbrido —cine, teatro, teoría literaria— se filtra en cada página de sus novelas.
En 2007, Harwicz se instaló definitivamente en Francia.
No en París, sino en el campo: en Saint-Satur, un pueblo medieval de poco más de 1.500 habitantes a orillas del Loira, donde tuvo a su primer hijo y donde comenzó a escribir su primera novela.
Desde entonces no se ha movido de allí.
Ese dato no es menor: la escritora que hoy genera polémicas en festivales europeos escribe desde una zona rural, marginal, alejada del ruido de las capitales literarias y de las redes editoriales que suelen producir a los autores del momento.
Ella misma ha explicado por qué ese paisaje es decisivo: “Para escribir se necesita un paisaje mental, lleno de símbolos, que no es realista y no es convencional” , dijo en una entrevista con la revista Seúl.
El campo francés, con sus ruinas y su silencio, le ofrece eso: una distancia simbólica desde la cual observar la vida familiar, los vínculos íntimos y los discursos que los rodean.
La maternidad como territorio oscuro y sin idealizaciones Su primera novela, Mátate, amor (2012), la instaló de inmediato en la escena literaria internacional.
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