Tenía 10 años y quedó atrapado en el fondo de una pileta: “No podés llevar a tu hijo a jugar a un club y que te lo devuelvan muerto”
“Duele cada vez que lo cuento pero igual duele aunque no lo cuente”, responde María José Chena.
Es la primera de muchas respuestas.
Es la primera vez que vuelve a evocar recortes de ese 2 de enero de 2024, cuando murió Facundo, su hijo.
“Duele todos los días de mi vida”, aclara antes de dedicarle una hora de entrevista a hablar de él, de su luz, de muerte, de sus recuerdos, de lo que pasó después: el sentimiento de injusticia e impunidad.
Por eso habla, por eso se levantó: entendió que si ella no exigía justicia, nadie lo haría y los responsables del fallecimiento de Facundo quedarían impunes.
Por eso está acá.
Lo acompaña Gabriel Gorga, su marido.
Elige no aparecer en cámara y llora en silencio durante toda la entrevista.
Están juntos hace más de diecisiete años y viven en Rosario.
Además de ser los papás de Facundo, son los de Estanislao, que nació después de la trágica muerte de su hermano.
Tuvo una sensación ambigua: traición a su primogénito por emanar felicidad por su segundo hijo y traición a la inversa por no permitirse la alegría.
“Es que no puedo dejar de pensar en él, es como que me constituye, estoy todo el día con él, lo llevo conmigo .
Ni siquiera es una decisión racional.
Sería imposible, aunque quisiera no pensar no puedo”, describe.
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