Juan Pablo Murgia, enológo: “El Pinot Noir puede alcanzar niveles excepcionales de complejidad, delicadeza, fineza y elegancia”
“Lo que distingue al Pinot Noir es que, cultivada en el lugar indicado y con la interpretación adecuada, es una variedad capaz de alcanzar niveles excepcionales de complejidad, delicadeza, fineza y elegancia”, afirma Juan Pablo Murgia, gerente enológico de Rutini Wines, al respecto de esta cepa que celebra su día internacional el 18 de agosto.
Esa reputación ganada en gran medida por los grandes Pinot Noir de la Borgoña francesa ha colocado a sus Premiers Crus dentro de los vinos más caros y más buscados del mundo.
De hecho la botella de vino vendida a mayor precio a la fecha fue un Domaine de la Romanée Conti 1945, que en una subasta realizada en abril en Nueva York alcanzó el récord de US$812.500.
Uva madre no solo de los icónicos tintos de Borgoña, pero también de grandes vinos de California (EE.UU.), Nueva Zelanda y Australia, el Pinot Noir es una variedad que –siguiendo el comentario de Murgia– ha comenzado a encontrar esos “lugares indicados” y aquella “interpretación adecuada” en la Argentina, alumbrando vinos cada vez más complejos, delicados, finos y elegantes.
Sin embargo, el Pinot vinificado como vino tranquilo (no espumante) representa una muy pequeña fracción del tinto argentino.
Presente en 16 provincias, solo hay 2023 hectáreas plantadas (contra las 46.890 de Malbec), lo que representa el 1% del total de vid del país.
Además, como señala Matías Ciciani Soler, enólogo de Escorihuela Gascón, “la mayoría del Pinot Noir plantado en la Argentina está pensado para hacer vinos espumosos”.
Pero esa relativa escasez se contrapone contra un lugar cada vez más destacado en las preferencias de los consumidores locales.
En los últimos diez años en que la superficie de Pinot creció tan solo un 5,3% (102 hectáreas), su consumo en el mercado interno creció un 99,3%, según estadísticas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). ¿Qué hay detrás de ese creciente interés? No lo sabemos.
Pero no hay duda de que los Pinot Noir argentinos cada vez tienen menos que envidiar a los grandes Pinot del mundo, y buena parte de ese crecimiento en calidad y precisión está dado por encontrar aquellos terruños donde mejor se expresa.
En busca de frescura “Lo primero que hay que decir al respecto del Pinot Noir es que aquí en la Argentina tenemos la suerte de tener la libertad de plantar lo que queremos, donde queremos”, opina Thibaut Delmotte, enólogo nacido en Francia, pero que desde hace 20 años hace vino en Salta, en Bodega Colomé.
Muchos países –Francia incluida– establecen cuáles son las variedades que se pueden cultivar en cada región, lo que no ocurre en la Argentina, en donde hay completa libertad al respecto.
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