La alianza que hizo despegar a Nuevo León
A los norteños nos gusta decir que Nuevo León se hizo solo.
La frase expresa algo verdadero: aquí generaciones enteras se partieron el lomo trabajando, empresarios arriesgaron su patrimonio, obreros levantaron fábricas y nuestras universidades formaron talento de clase mundial.
Y esa aseveración es correcta en ánimo e intención, pero la historia completa es todavía más interesante: los grandes saltos de Nuevo León ocurrieron cuando esa capacidad norteña encontró una estrategia nacional que la respaldó y multiplicó.
En 1882 llegó el ferrocarril de Nuevo Laredo a Monterrey y para 1888 nuestra ciudad estaba conectada por tren con la Ciudad de México.
Eso significó algo muy sencillo: podían entrar maquinaria y materias primas y nuestros productos podían salir hacia mercados mucho mayores.
En 1900, empresarios regiomontanos fundaron la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey con 10 millones de pesos de capital inicial.
Nuevo León puso capital, trabajadores y acero.
El país puso vías para moverlo.
La fórmula se repitió en los años cuarenta.
México tomó entonces una decisión estratégica: industrializarse y fabricar dentro del país más de lo que comprábamos fuera.
El famoso Modelo de Sustitución de Importaciones que inició con el Gral.
Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho.
En 1940, Nacional Financiera fue transformada para impulsar infraestructura e industrias estratégicas.
Y ese respaldo llegó directamente a Nuevo León.
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