Tiene 22 años y creó manos robóticas con plástico reciclado para ayudar a niños sordos en Kenia
En un pequeño laboratorio de la Universidad Strathmore , en Nairobi Kenia , Norah Kimathi construye manos robóticas impresas en 3D con plástico reciclado que traducen en tiempo real la voz de los docentes a lengua de señas para niños sordos .
La científica tiene 22 años y dirige ZeroBionic , la startup que fundó en 2023 con el objetivo de resolver uno de los problemas educativos más persistentes del país: más de 300.000 niños sordos o con hipoacusia que no pueden seguir las clases porque la mayoría de los maestros no saben enseñar.
Según detalló el periódico local The Times of India con base en información de la agencia AFP , el dispositivo se coloca al frente del aula, escucha al docente y mueve sus dedos mecánicos para reproducir los signos correspondientes.
Cuando el estudiante responde en señas, una cámara lee sus manos y el sistema emite la respuesta en voz alta para que el maestro la comprenda.
La conversación funciona en dos lenguas y sin necesidad de un intérprete humano presente , lo que representa un cambio concreto en la dinámica de las aulas para alumnos con discapacidad auditiva.
Las manos cuestan USD 350, duran tres años y ya están en 78 escuelas de Kenia Cada unidad de ZeroBionic se produce con más del 60% de plástico que antes era descartado como residuo, lo que reduce los costos de fabricación y el impacto ambiental del proceso.
El precio final es de USD 350 por mano, con una vida útil de hasta dos años sin necesidad de mantenimiento.
La empresa ya distribuyó 78 unidades en escuelas de distintos puntos del país, donde los dispositivos funcionan de forma autónoma dentro del aula.
El sistema alcanza una precisión del 92% en la conversión de voz a señas , según los datos de la compañía.
Kimathi atribuye ese nivel de exactitud a años de trabajo de campo y a la construcción de una base de datos propia, dado que no existía ningún conjunto estandarizado de lengua de señas africana al momento de iniciar el proyecto.
Ese vacío obligó al equipo a desarrollar desde cero una solución que hoy cubre términos de uso cotidiano y vocabulario técnico de materias como matemáticas y ciencias.
Sin datos previos, el equipo construyó un diccionario de señas africano desde cero Uno de los mayores obstáculos que enfrentó la startup fue la ausencia de un dataset africano unificado de lengua de señas.
Para resolverlo, el equipo trabajó con docentes sordos con experiencia que vistieron un traje especial con electrodos, importado para la ocasión.
Con ese sistema, registraron y almacenaron cientos de señas, incluidos términos técnicos que hasta entonces no tenían una representación gestual definida en el contexto educativo keniano.
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