Abuelos-nietos: un vínculo en el que todos ganan
“Desde que supe que iba a tener hijos, tuve claro que quería que me los cuidaran mis padres.
No me gustaba que fueran a una guardería”, dice Nora de Krahl, de 64 años, profesora de inglés y madre de tres.
“Muchas veces me preguntaron si no era mejor llevarlos a un jardín con el argumento de que después hay problemas.
Pero, la verdad es que nunca los hubo.
Si había algo que no quería que hicieran, se los decía, y lo respetaban.
Confié en ellos plenamente”, recuerda.
Y cuenta que esa confianza estaba presente en los detalles más simples: “Cuando yo no podía ir a una reunión de padres, iba mi papá y anotaba al pie de la letra todo lo que decían las maestras.
Él le enseñó a uno de mis hijos a viajar solo en colectivo”, dice.
“Mis padres no solo cuidaron a mis hijos, sino que los educaron.
Entre juegos y meriendas, les fueron transmitiendo valores que quizás no hubieran llegado de la misma manera si el vínculo hubiera sido solo el de visitas ocasionales”, sostiene.
Una relación para toda la vida y más también.
Los abuelos representan ese amor incondicional, el primer espacio seguro después de mamá y papá.
El vínculo entre abuelos y nietos puede ser uno de los más positivos y enriquecedores de la vida familiar, con beneficios muy marcados para ambas partes.
Florencia Sanabria, médica pediatra y psiquiatra infantil, asegura que un abuelo disponible puede convertirse en una figura adicional de seguridad y, a través de conversaciones, relatos, juegos y actividades cotidianas, enriquecer el lenguaje, la curiosidad y el sentido de pertenencia.
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