Así comienza “El canto del cisne”: el libro del hermano de Lady Di, la princesa que cautivó al mundo entero
Mi madre me dijo muchas veces que tenía la sensación de que yo conocía a Diana mejor que ninguna otra persona en el mundo .
Los dos crecimos juntos y éramos los más jóvenes en una casa dividida por el divorcio y marcada por la tristeza de la muerte de un hermano.
Sin embargo, cuando, como a menudo ocurre, me preguntan: “¿Qué significó crecer junto a Diana?“, mi primer pensamiento siempre es ”Pero si no sé qué significa no crecer junto a ella".
Compartimos techo todas las noches durante los primeros siete años de mi vida, más o menos, y vivimos juntos durante la gran mayoría de los periodos vacacionales de nuestro internado hasta que Diana cumplió los dieciséis y yo los trece.
En muchos sentidos, nuestra relación fue la típica entre una hermana mayor y un hermano pequeño.
Ella me llevaba casi tres años y yo, al ser chico, siempre fui notablemente menos maduro.
El canto del cisne es un libro que parte de mi profunda admiración por ella , sobre todo teniendo en cuenta la dinámica de Park House, la casa en la que vivimos una infancia tremendamente feliz y donde ella no solo fue mi constante compañera, sino también, en algunos aspectos, mi principal cuidadora.
Con frecuencia, en sus últimos años, bromeaba al saludarme o referirse a mí delante de otros como “hermanito”, incluso después de llegar a ser quince centímetros más alto que ella.
Diana siempre tuvo un gran instinto maternal.
Cuando nuestra madre se marchó de casa, ella estuvo más atenta a mis necesidades de lo que le habría correspondido a una hermana mayor en otras circunstancias.
Según he sabido por boca de los adultos que nos rodeaban en aquella época, a pesar de que quizá exteriorizara un gran fastidio al tener que pasar aún más tiempo con su hermanito, en realidad Diana casi siempre disfrutaba en mi compañía.
Los dos éramos bastante reservados con los desconocidos y sumamente sociables con los amigos.
Compartíamos una tendencia natural a la obstinación cuando nos presionaban, en especial si considerábamos que el motivo era injusto.
Tendíamos a protegernos mutuamente, muchas veces con uñas y dientes.
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