Belgrano venció 2-0 al Independiente Rivadavia muleto: el curioso gol en contra y el bombazo de Rigoni que Berti no vio
Aunque Alfredo Berti optara por una formación alternativa para jugar en Barrio Alberdi, por su ambición de eliminar el martes a Fluminense de la Copa Libertadores, Belgrano recibió este sábado la gran actualidad de Independiente Rivadavia, sinónimo de partidazo.
El campeón del torneo Apertura contra el último consagrado en la Copa Argentina y el mejor de la tabla anual actual.
Se impuso la jerarquía del local, que abrió el partido con un gol particular y estiró la ventaja al 2-0 final con un remate descomunal de Emiliano Rigoni , que competirá por ser uno de los mejores tantos del Clausura .
Como se preveía, a pesar de las distracciones mendocinas por la competencia internacional, protagonizaron un primer tiempo disputado, parejo.
Cuando el visitante, finalmente, logró meterse en el área promediando el primer capítulo, el joven Luciano Sábato, de 18 años, no se afirmó para definir y perdonó al Pirata, que solo había amenazado con un remate fortísimo y cercano al ángulo de Franco Vázquez y su calidad.
Tanta paridad existió, que los dos goles del encuentro dan cuenta de que, en este caso, el conjunto cordobés necesitó de otras variables para conseguir la ventaja y engrosarla.
El primero sucedió a los 41 minutos y llegó desde un tiro de esquina lanzado por Rigoni.
Apuntó a la altura del primer palo, donde aguardaba Lucas Passerini , que no pudo saltar por la pegajosa marca de Tomás Bottari .
Pese a la dificultad, su intento de cabecear el lanzamiento fue suficiente para que la pelota se colocara por lo bajo y pegado al mencionado poste.
Las cámaras fueron inmediatamente con su festejo, que también extrañó: estiró los brazos sin gritarlo, apretó el puño y apenas caminó unos pasos antes de empezar a sonreír y abrazarse con sus compañeros.
Aunque rápidamente su actitud relajada se ligó a la respuesta picante que dio el lunes contra el presidente Luis Artime ( “Si para él soy Haaland, tengo que cobrar como él, ¿no?“ ), que había dicho que el delantero es una versión sudamericana del noruego, había una razón más lógica: el gol no había sido de su firma.
Tanto se preocupó Bottari por cuidar el testazo del grandote, que el volante central no pudo evitar pegarle un nucazo al balón e impulsarla hacia su propio arco .
Fue una relajación para Belgrano.
Máxime, por el momento en el que encontró la apertura del marcador, en medio de la incertidumbre del desarrollo.
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