De analista de datos a educador canino, la historia de Guillermo y sus consejos sobre la adopción: “Un error habitual es infravalorar el compromiso que requiere un perro”
Tener un perro como mascota puede ser el sueño de muchas personas —y la realidad de muchas otras—, pero dar el paso de integrar a un perro en el hogar exige una preparación que va mucho más allá del entusiasmo inicial.
Ante los habituales problemas de comportamiento y las expectativas frustradas que pueden acabar derivando en devoluciones a las protectoras, la figura del educador canino resulta clave para orientar a las familias.
Detrás de esta labor se encuentra Guillermo Lapuente, un educador canino que colabora desde 2019 como voluntario en la Asociación Nacional de Amigos de los Animales (ANAA), trabajo que compagina con sus servicios por su cuenta, la divulgación en redes sociales (@reeduca_dogs) y su participación en el programa de televisión Dog House .
Sin embargo, su camino hasta aquí no fue convencional: estudió Derecho y ADE, cursó un máster en Big Data y trabajó durante años como analista de datos en una consultoría.
Un punto de inflexión personal le hizo dar un vuelco a su trayectoria: “Se me juntaron malas cosas, entre ellas que falleció el perro que yo tenía desde pequeñito”.
Ese momento y su pasión por la naturaleza le llevaron a tomar una decisión radical: marcharse un año a Australia .
A su regreso, consciente de que “no quería volver a una oficina”, comenzó a volcarse profesionalmente en el refugio , acumulando experiencia y formándose en educación canina hasta dedicarse a ello por completo.
Brexina, la perrita que consiguió un hogar tras siete años en la protectora De todas las experiencias vividas en la protectora, el caso que más ha marcado a Lapuente es el de Brexina, una perra de gran tamaño que llegó al refugio con año y medio y permaneció allí hasta cumplir los nueve años .
“Había que ganársela y fuimos muy pocas personas las que logramos crear un vínculo con ella”, cuenta a Infobae .
Su vida cambió cuando una chica acudió al centro pidiendo explícitamente “a la perra que más difícil lo tuviera”.
Tras tres meses acudiendo semanalmente para trabajar la confianza junto al equipo del albergue, Brexina fue finalmente adoptada.
“Se me saltaron las lágrimas el día que se fue porque pensaba que sus días se iban a acabar allí.
Hoy vive en la montaña y convive sin problemas con una perrita de diez kilos, a pesar de no haber vivido con otros animales en casi una década”, relata emocionado.
Pese a la dureza del trabajo en el refugio, momentos como este reafirman la vocación de Lapuente , quien asegura que jamás se ha planteado dejarlo: “La protectora es mi casa.
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