De vectores a vacunas aladas: un fármaco experimental promete transformar la picadura de mosquito en un refuerzo contra la malaria
Cada año, más de 600.000 personas mueren a causa de la malaria , una enfermedad transmitida por mosquitos que sigue siendo una de las principales causas de mortalidad infantil en el mundo.
Según la Organización Mundial de la Salud , un niño muere en el continente africano por esta enfermedad cada dos minutos, y la mayoría de las víctimas son menores de cinco años y mujeres embarazadas.
La resistencia a los medicamentos disponibles erosiona de forma sostenida los avances logrados en su control, lo que hace que la búsqueda de nuevas estrategias de prevención sea una prioridad sanitaria global.
Hasta ahora, los enfoques para vacunar contra la malaria requerían dosis elevadas de parásitos atenuados genéticamente, procesos de fabricación complejos y administración intravenosa, condiciones difíciles de cumplir en las zonas del mundo donde la enfermedad golpea con más fuerza.
La pregunta que los investigadores no habían podido responder era si existía un modo de generar una inmunidad amplia, duradera y accesible sin depender de esa infraestructura.
Un estudio, realizado en modelos animales y publicado en la revista Science ofrece una respuesta que podría reorientar el desarrollo de la próxima generación de estrategias preventivas.
Investigadores del Walter and Eliza Hall Institute of Medical Research (WEHI), instituto de investigación médica de Australia, con sede en Melbourne, demostraron en un modelo preclínico que es posible transformar la picadura de mosquito , el principal vehículo de transmisión de la malaria, en un disparador de inmunidad.
La estrategia combina la exposición a parásitos transmitidos por mosquitos con un compuesto antipalúdico experimental que interrumpe el ciclo de la enfermedad en un punto del desarrollo parasitario que hasta ahora no había sido aprovechado terapéuticamente.
Dicho de manera sencilla: el fármaco frena al parásito en el hígado antes de que cause daño , y el sistema inmune aprovecha ese momento para aprender a reconocerlo.
El parásito atrapado en el hígado La malaria avanza en etapas.
Cuando un mosquito infectado pica a una persona, inyecta en su sangre unas formas del parásito llamadas esporozoítos, que viajan al hígado y allí maduran antes de pasar al torrente sanguíneo y provocar la enfermedad.
Los compuestos utilizados en el estudio, WM382 y MK-7602, actúan como inhibidores duales de las plasmepsinas IX y X, dos enzimas que actúan como reguladores maestros de la supervivencia del parásito.
Al bloquear esas enzimas, los compuestos atrapan al parásito en la fase final de su desarrollo hepático, justo antes de que pueda saltar a la sangre y causar daño.
El resultado de esa interrupción no es simplemente detener la infección.
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