Cómo Google y Microsoft se instalaron en las escuelas de Estados Unidos: acuerdos, capacitación y recursos
Las grandes empresas tecnológicas han logrado una influencia profunda en el sistema educativo de Estados Unidos , utilizando sus recursos económicos, su alcance global y su capacidad de lobby para moldear desde la capacitación docente hasta los contenidos curriculares.
A través de alianzas, financiamiento directo y la provisión de infraestructura esencial, corporaciones como Google, Microsoft y Apple han logrado intervenir en la experiencia educativa de millones de estudiantes, muchas veces presentando una visión optimista de la tecnología e invisibilizando posibles riesgos.
Esta realidad ha derivado en controversias sobre el verdadero propósito de la educación pública, la autonomía de los docentes y el rol de la industria privada en la formación de futuras generaciones, según lo documenta la periodista Natasha Singer, de The New York Times.
El avance de las tecnológicas en la educación estadounidense Durante el verano de 2025, Microsoft organizó un taller en Manhattan dirigido a doscientos docentes para capacitarlos en el uso de chatbots de inteligencia artificial como Copilot.
Los instructores ofrecieron ejemplos prácticos y materiales audiovisuales diseñados para familiarizar a los profesores con la IA, incluso cuando algunos estudiantes aún no tenían edad suficiente para utilizar dichas herramientas.
Esta estrategia, según relata Natasha Singer, replica esquemas vistos anteriormente en otros sectores, como la industria farmacéutica, donde los talleres patrocinados buscan posicionar productos específicos entre profesionales.
Singer observa que, aunque estas formaciones pueden ser útiles para mantener actualizados a los educadores, también pueden configurarse como vehículos de marketing o adoctrinamiento.
Permiten a las grandes corporaciones transmitir una imagen positiva y simplificada de sus tecnologías y prácticas, dejando en segundo plano los riesgos o problemas asociados.
Tal como señala la Dra.
Adriane Fugh-Berman, entrevistada por la autora, “la industria financia lo que beneficia a la industria”.
La aceptación de este apoyo empresarial por parte de las escuelas contrasta con la reacción que probablemente generaría la intervención de compañías de otros sectores; resulta difícil imaginar, por ejemplo, a Exxon Mobil diseñando el currículo de ciencias ambientales o a Purdue Pharma capacitando a docentes de biología.
Sin embargo, en el caso de la tecnología, la integración de contenidos, dispositivos y formación docente patrocinada ha avanzado sin grandes cuestionamientos durante la última década.
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