¿Por qué el acceso al agua en Cuba depende cada vez más del dinero de cada familia?
Millones de cubanos enfrentan cortes prolongados de agua y dudas sobre su potabilidad, mientras el acceso a un servicio que el Estado declara universal depende cada vez más de los recursos de cada familia para comprarla, almacenarla, bombearla o tratarla.
La crisis se extiende de La Habana a Baracoa y ocurre pese a una red nacional que cuenta oficialmente con 24.654 kilómetros de acueductos y 91 plantas potabilizadoras.
La inversión estatal exhibe una brecha marcada: entre 2022 y 2024, el Gobierno destinó 95,801 millones de pesos al turismo, diez veces más que a toda la inversión hidráulica y 16 veces más que los 5,934 millones asignados a programas de abasto de agua.
Una encuesta de Cubadata realizada en marzo entre 1.788 personas para DIARIO DE CUBA indicó que cerca del 47% padecía falta de agua a diario o varias veces por semana.
En La Habana, una avería en la Conductora de la Cuenca Sur dejó sin suministro a seis municipios.
El problema se superpone con una red cuyo funcionamiento depende de la electricidad: Antonio Rodríguez Rodríguez, presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, reconoció en marzo que solo el 13% de la población abastecida tenía alguna alternativa energética y que el 87% dependía directamente del Sistema Electroenergético Nacional.
Los apagones detienen el bombeo, vacían tuberías y alteran los ciclos de distribución y tratamiento.
En abril, el Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología de Santiago de Cuba informó que la potabilizadora Altos de Quintero liberaba unos 3.240 metros cúbicos de agua sin clorar durante los cortes eléctricos, debido a fallas del grupo electrógeno por falta de combustible.
El gasto doméstico para suplir un servicio intermitente Alberto Martínez, residente del municipio habanero de Cerro y protegido por un seudónimo ante posibles represalias, vincula el deterioro de la distribución en su zona con obras realizadas en Vía Blanca durante la construcción del hotel Torre K, perteneciente al conglomerado militar GAESA e inaugurado en febrero de 2025.
“El agua, que entraba cada tres o cuatro días, empezó a llegar semanalmente.
Eso fue el año pasado”, relató.
El hotel cerró en marzo, poco después de cumplir su primer año, pero los intervalos se extendieron.
“Este año es cada 15 días o cada veintitantos días” , explicó Martínez, quien también pasa temporadas en el municipio de Playa por asuntos familiares y describe una situación similar.
Su edificio dispone de una cisterna compartida por diez viviendas y su departamento tiene dos tanques elevados de 1.000 litros.
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