Independiente y San Lorenzo rompieron los pronósticos, armaron un buen partido y empataron 1-1
Al fútbol argentino no hay quién lo entienda.
Poco o nada se parece a lo previsto, poco o nada puede anticiparse.
Están los que sostienen que esa es la causa de la irregularidad permanente y notable que muestran prácticamente todos los equipos, capaces de cambiar como del día a la noche de una semana a otra.
Y enfrente, los que adjudican a la incertidumbre constante la gracia de una competencia que, por otro lado, exporta todo el tiempo sus mejores joyas restando la calidad técnica indispensable para aportarle brillo al juego.
Independiente y San Lorenzo coleccionan problemas, en los despachos y en la cotidianidad de su fútbol.
Ni uno ni el otro llegaban plenos de convicción, más allá de haber triunfado en sus últimos choques.
Las dudas y el frío sobrevolaban el aire de Avellaneda.
Y sin embargo, armaron un clásico entretenido, vibrante, tenso, ajeno a todos los pronósticos.
Rubén Darío Insua fue, en los últimos tiempos, el técnico que mejores resultados logró y más permanencia sostuvo en el banco de San Lorenzo.
Lo hizo basado en defensas férreas, cerradas, agrupadas en torno a la medialuna propia.
Para la inauguración de su tercer ciclo al frente del Ciclón armó una línea de tres centrales poderosos que hacía pensar en una repetición de aquella fórmula.
No fue así.
San Lorenzo salió a buscar al Rojo bien lejos, en su campo, y no le permitió salir de ahí durante unos primeros minutos en los que el local no acertaba un solo pase.
Cada partido de Independiente es una incógnita, que por lo general se destapa hacia el lado de la frustración.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.