Dolly Parton, la montañesa que desafió a Elvis y conquistó el mundo más allá del country
Hay personalidades que trascienden el marco de un género para convertirse en mitos vivientes de la cultura popular.
La muerte de Dolly Parton a los 80 años deja un vacío incalculable en la música global.
Con una mezcla infalible de genialidad compositiva, visión empresarial desarmante y una imagen deslumbrante construida con brillantez y perlas de ingenio, la artista nacida en una precaria cabaña de troncos en las Grandes Montañas Humeantes de Tennessee supo elevarse desde el corazón más humilde del country norteamericano hasta la cima de la industria discográfica global. Para el observador desprevenido, la figura de Dolly podía estar dominada por sus voluptuosos peinados, sus vestidos de lentejuelas y esa ironía filosa con la que solía sentenciar: “Cuesta mucho dinero verse tan barata”.
Pero detrás del oropel y las luces de Nashville habitaba una de las plumas compositivas, prolíficas e inteligentes que haya producido la música country.
Una cronista social extraordinaria capaz de pintar la belleza y la crudeza de la vida rural con una sensibilidad melódica inigualable.
Dolly nació en 1946 en Sevier County, Tennessee, en plena región de los Apalaches, cerca de las Great Smoky Mountains.
Creció en una familia muy pobre, numerosa y profundamente vinculada a las tradiciones musicales de la montaña y su música está impregnada de esa cultura: baladas, gospel, bluegrass, country y canciones sobre la pobreza, la familia, la religión, la tierra y la vida rural.
Muchas de sus canciones tienen una raíz autobiográfica, como por ejemplo “Coat of Many Colors”, donde convierte la pobreza de su infancia en una historia de dignidad y orgullo. El día que le dijo “no” al Rey Si hay una anécdota que sintetiza como ninguna otra la integridad artística y el fino olfato de negocios de Dolly Parton es la célebre historia detrás de su obra cumbre: “I Will Always Love You”. Escrita en 1973 como una carta de despedida profesional a su mentor y compañero de pantalla Porter Wagoner , la canción se transformó de inmediato en un éxito del country.
Apenas sonó en las radios, el tema captó la atención nada menos que del entorno de Elvis Presley.
El “Rey del Rock” quedó cautivado por la melodía y coordinó una sesión para grabarla. Para cualquier compositor de la época, que Elvis grabara uno de sus temas representaba la gloria absoluta y una garantía de regalías de por vida.
Sin embargo, en la víspera de la grabación, el implacable mánager de Presley, el “Coronel” Tom Parker, llamó a Dolly para exigirle lo que entonces era norma de la casa: para que Elvis pusiera su voz, el compositor debía ceder el 50 por ciento de los derechos de autor de la canción. Cualquier otro artista se hubiera rendido ante la presión de la maquinaria de Memphis.
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