Ni Estado contra mercado ni subsidios: la estrategia tecnológica que Argentina podría adoptar para ganar autonomía
Hay transformaciones que un país puede acompañar y otras que no puede darse el lujo de ignorar.
La revolución tecnológica pertenece a la segunda categoría.
Inteligencia artificial, ciberseguridad, datos, biotecnología, energía nuclear o espacio no son simplemente sectores de la economía, sino parte de la infraestructura sobre la cual se produce, se gobierna y se ejerce el poder.
La tecnología dejó de ser únicamente una cuestión de competitividad para convertirse también en una cuestión de autonomía estratégica.
Y es por ello que el debate que la Argentina necesita dar ya no sea el de Estado versus mercado -una discusión que pertenece a otra etapa histórica- sino qué debe hacer un Estado cuando determinadas tecnologías son demasiado importantes para dejarlas libradas exclusivamente a la lógica del mercado, pero demasiado complejas y dinámicas como para que el propio Estado pretenda desarrollarlas por sí mismo.
La respuesta que están ensayando algunos países no consiste en reemplazar a las empresas, sino en utilizar al Estado como comprador sofisticado, generador de demanda, financiador de riesgo y articulador de capacidades científicas y empresariales , particularmente allí donde existen necesidades estratégicas que el mercado por sí solo, no necesariamente tiene incentivos para resolver.
Estados Unidos ofrece un ejemplo particularmente interesante porque, lejos de abandonar su tradición de innovación privada, está profundizando la relación entre tecnología, Defensa y Estado.
Programas como AI Forge -impulsado por DARPA y la National Science Foundation - conectan universidades, empresas de inteligencia artificial y organismos gubernamentales alrededor de problemas concretos de seguridad nacional.
El objetivo es que Washington oriente capacidades privadas y académicas hacia necesidades estratégicas, más que producir los modelos de IA.
En otras palabras, el gobierno federal no intenta convertirse en Silicon Valley, sino asegurarse de que sus capacidades puedan estar disponibles cuando una necesidad estratégica lo requiera.
L eé también: Javier Milei defendió a las empresas manejadas por IA y planteó la posibilidad de tener políticos robots Europa , por su parte, está llegando a una conclusión similar desde una tradición política muy distinta.
Durante años puso el acento en regular los mercados digitales y proteger derechos.
Hoy, sin abandonar esa dimensión, ha comenzado a incorporar una preocupación diferente, preguntándose qué ocurre cuando la dependencia tecnológica se transforma en una vulnerabilidad geopolítica.
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