Cómo lograron los incas convertir el exceso de agua del Fenómeno El Niño en una fuente adicional de fertilidad para los cultivos costeros
Los incas no consideraban las lluvias torrenciales, las inundaciones ni las sequías prolongadas como anomalías inesperadas.
La evidencia arqueológica y las crónicas coloniales muestran que el Tahuantinsuyo convivió durante siglos con una variabilidad climática extrema y desarrolló un entramado de soluciones técnicas, sociales y religiosas para anticiparla.
Canales capaces de alternar entre agua de río y agua de crecida, represas ubicadas fuera del cauce principal de los ríos, sistemas de siembra de agua en las punas y una vasta red de depósitos estatales conformaban la columna vertebral de esa estrategia.
A esa infraestructura se sumaba una organización territorial que privilegiaba los asentamientos en zonas altas, alejados de quebradas y ríos propensos a desbordarse, y una economía basada en la reciprocidad y la redistribución que permitía sostener a la población durante años de malas cosechas.
La dimensión material se completaba con una religiosidad centrada en la Pachamama y en las divinidades del agua, que otorgaba un marco de sentido a los desastres naturales y organizaba la respuesta colectiva frente a ellos.
El concepto científico de El Niño , ligado al ciclo conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), es reciente.
Pero los pueblos andinos reconocían desde mucho antes la existencia de años atípicos , marcados por lluvias fuera de temporada, crecidas fluviales o sequías prolongadas, y desarrollaron marcos propios para interpretarlos y enfrentarlos.
Investigaciones arqueológicas en la costa norte del Perú documentan cómo sociedades anteriores a los incas , como los moche y los chimú, ya habían adaptado sus sistemas productivos a esos ciclos, un legado que el imperio incorporó y perfeccionó tras su expansión hacia esa región.
Qué muestran las fuentes disponibles Reconstruir estas estrategias exige cruzar fuentes muy distintas entre sí.
Los incas no dejaron textos alfabéticos: su sistema de registro se basaba en los quipus, dispositivos de cuerdas y nudos cuya lectura completa todavía genera debate entre los especialistas.
Buena parte de la información disponible proviene de crónicas escritas por autores españoles y mestizos tras la conquista, que describen rituales y prácticas agrícolas filtrados por categorías religiosas europeas, y que rara vez identifican de forma explícita un evento como “El Niño”, aunque sí narran situaciones compatibles con él.
La arqueología aporta una vía más directa de análisis.
Excavaciones en valles como el Jequetepeque y estudios geomorfológicos en la Pampa de Mocán identificaron diques, canales de derivación y campos de cultivo diseñados para absorber crecidas extraordinarias, lo que revela una planificación de largo plazo basada en la aceptación de la inestabilidad climática como parte de la vida cotidiana.
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