La habían admitido en Harvard, pero alguien envió recortes sobre el matricidio que cometió a los 14: la decisión que desató la polémica
A fines del verano de 1995 una fuerte polémica recorrió los claustros universitarios de Estados Unidos, salió de los campus y se instaló en todo el país.
Se inició cuando la Universidad de Harvard, una de las más prestigiosas, le retiró la oferta – que ya había hecho – de admisión anticipada a una estudiante secundaria llamada Gina Grant con el argumento de que la chica había omitido un hecho de su pasado al presentar la solicitud.
Lo que Gina no había mencionado era que, el 13 de septiembre de 1990, cuando tenía 14 años, había asesinado a golpes a su madre.
Si las autoridades de Harvard se enteraron del asunto fue porque alguien que evidentemente no quería a la chica les envió un paquete con recortes de periódicos de Carolina del Sur relacionados con el asesinato de Dorothy Mayfield, su madre.
Entonces, la universidad dio a conocer un comunicado explicando que tenía derecho a revocar la admisión si un estudiante “participa en un comportamiento que pone en duda la honestidad, la madurez o el carácter moral”.
En su entrevista con el comité de selección, Gina había declarado que la muerte de su madre se debió a un accidente.
Gina Grant cumplía con todos los requisitos necesarios para ser admitida en Harvard.
Era una estudiante sobresaliente de la reconocida Cambridge Rindge and Latin School, donde sus docentes la definían como inteligente y cariñosa , y formaba parte del competitivo equipo de tenis de la institución.
Por todo eso Harvard le había abierto sus puertas, las mismas que le cerró en la cara cuando se conoció el crimen que había cometido.
La posición de la Universidad no se sostenía, porque la chica no tenía ninguna obligación de mencionar ese delito que, además, el Estado debía mantener en un archivo que no podía ser abierto porque se trataba de una menor.
Por su fuera poco, al revocarle la admisión, la universidad le quitaba la posibilidad de seguir adelante con su derecho a rehabilitarse e integrarse a la sociedad.
La mecha de la polémica se encendió en el propio campus de Harvard, donde los estudiantes indignados organizaron manifestaciones en defensa de Gina, argumentando que ya había pagado su deuda con la sociedad y merecía ser tratada como cualquier otra persona.
El Harvard Crimson , el periódico del campus, recibió una avalancha de cartas de apoyo que, además, incluían fuertes cuestionamientos a las autoridades de la universidad.
De allí pasó a los grandes medios de todo el país.
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