El hábito diario de 20 minutos que podría transformar tu salud y no te cuesta nada, según un neurocientífico
Entre suplementos caros, dispositivos de última tecnología y rutinas inaccesibles , el sector del bienestar no deja de vender soluciones complejas.
Sin embargo, la ciencia respalda que la clave para revitalizar el cuerpo y la mente no cuesta un solo euro.
Un ritual de apenas 20 minutos al aire libre nada más comenzar el día basta para transformar el bienestar físico y mental de forma profunda y duradera.
“Gran parte de los problemas de salud que vemos están motivados o amplificados por lo desconectados que estamos de nuestros hábitats naturales y de las formas de vida tradicionales”, explica la neurocientífica Katherine Templar Lewis en el podcast Health or Hype del conocido entrenador Joe Wicks, quien invitó a varios especialistas para analizar cuáles son los hábitos diarios con un impacto real en el organismo.
La especialista señala que pasamos jornadas enteras sentados frente a un escritorio , reduciendo la interacción social y aislándonos del exterior.
“Mientras tanto, algunas de las cosas con mayor evidencia científica para nuestra salud son aburridamente simples: el sueño, el movimiento, la conexión y el tiempo al aire libre no generan grandes titulares y nadie te los puede vender”, añade la neurocientífica.
El secreto del descanso mental en la naturaleza Para beneficiarse de este hábito no hace falta trasladarse al campo ni realizar un esfuerzo sobrehumano.
Los beneficios de caminar van mucho más allá de sumar pasos a la pulsera de actividad.
Según explica Templar Lewis, basta con dedicar entre 20 y 30 minutos a pasear por un espacio verde , ya sea un parque local, el jardín de casa o incluso una calle arbolada, dejando el teléfono móvil bien guardado en el bolsillo.
En ese tiempo se activa en el cerebro un estado de atención pasiva o relajada (concepto que en psicología se denomina soft fascination ).
Se trata de un proceso en el que los estímulos multisensoriales del entorno, como el murmullo de las hojas, el sonido de los pájaros o la caricia de la brisa, captan el interés de la mente de forma involuntaria y sin esfuerzo.
Y permite calmar el sistema nervioso central y reduce drásticamente los niveles de cortisol , la conocida hormona del estrés.
A este impacto neurológico se suma una potente sincronización biológica.
La científica del sueño Sophie Bostock, según recoge The Independent , subraya que la luz natural de la primera hora del día resulta determinante: “Inicia el temporizador de tus relojes biológicos para la jornada y, unas 16 horas más tarde, empezarás a sentir sueño de forma automática ”.
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