Así se filmó Barreda: del escalofriante sueño de Luis Machín al mito que la película busca desarmar
MONTEVIDEO.– Detrás de una fachada de aparente normalidad, el equipo del film Barreda reconstruyó la casa en la que vivió una familia de clase media sumergida puertas adentro en un espiral de violencia.
En el set montado en Montevideo, Uruguay, predominan el silencio, la concentración y un respeto que se percibe tanto en los movimientos precisos de los técnicos como en el trabajo minucioso de los actores.
La ambientación está cuidada al detalle, cada objeto, cada rincón, cada textura.
La atmósfera es sofocante, pero también reconocible, con esa tranquilidad que da un ambiente cotidiano aunque por debajo esté agazapada una amenaza.
No es un rodaje más.
Todos parecen conscientes de que el guion se sostiene sobre una historia real y de que detrás de un nombre convertido en noticia existieron cuatro mujeres cuyos relatos nunca pudieron escucharse.
Gladys McDonald; su madre, Elena Arreche , y sus hijas, Adriana y Cecilia Barreda, fueron víctimas dos veces: primero, del hombre que las asesinó; y después, de una cultura mediática y social que redujo el cuádruple crimen a una sucesión de chistes y tomó como cierta la versión del victimario.
La noticia El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda , un odontólogo de La Plata, tomó una escopeta y mató a su esposa, su suegra y sus dos hijas en el interior de la casa familiar.
Luego intentó instalar la hipótesis de un robo.
Cuando finalmente confesó los asesinatos, dijo que las mujeres lo maltrataban y que lo llamaban “conchita”.
Esa explicación se impuso en buena parte de la cobertura mediática de la época, aunque provenía del único integrante de la familia que había sobrevivido: el propio asesino.
A partir de entonces, Barreda se convirtió en un símbolo de doble cara: para algunos, su nombre representó la violencia machista y la necesidad de reclamar justicia por las víctimas; mientras que para otros, adquirió la categoría de “ídolo” por haberse atrevido a “matar a su suegra”.
Hubo canciones, bromas y una identificación inquietante con aquel hombre de clase media, universitario, “buen vecino” y aparentemente inofensivo.
La familiaridad de su apariencia pareció volverlo comprensible para un sector de la sociedad.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Espectáculos.