Pasaje Rivarola: luego de un siglo se reinventa entre libros, arte, moda y gastronomía
Una calle de una sola cuadra que parece de otro tiempo.
Está ahí, a dos minutos del Palacio Barolo y tiene algo de misterio.
Al verlo, la primera impresión es cinematográfica: cúpulas, herrería, mármoles y detalles de época remiten al academicismo francés y explican por qué es uno de los lugares más preciosos de Buenos Aires.
Son ocho edificios, cuatro de cada vereda, que tienen un mismo frente, como si una mitad de la calle fuera el espejo de la otra.
Fue construido en la década de 1920, por la empresa Geopé, la misma que participó de obras emblemáticas como el Obelisco y La Bombonera.
Pero la novedad no es esa, ¿o sí? Como sea, el Pasaje, que se fundó hace 101 años, hoy vuelve a nacer de la mano de algunos proyectos e iniciativas que cambiaron su ritmo cardíaco para siempre.
Con la llegada de nuevos vecinos, empezó a transformarse en un reducto cultural, donde conviven arte, libros, objetos de diseño, moda, música, gastronomía y oficios tradicionales.
Es como un renacimiento o algo así.
Como sea, hoy el Pasaje Rivarola es una calle donde pasan cosas.
Y lo más encantador es que la renovación no borró lo que ya había ahí.
Al contrario: lo potenció.
Y entre las cosas que pasan, surge Hola Rivarola , un desafío colectivo para activar este pasaje urbano y centenario, con las propuestas de los locales a la calle.
Hola Rivarola , marca registrada del diseñador gráfico Santiago Arce , es parte de una de las acciones impulsadas por Mariela Ivanier , comunicadora, coleccionista y vecina del barrio, junto a los nuevos comercios del lugar.
La idea es revitalizar la cuadra y darle una impronta que se traduzca en interés cultural.
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