Thomas Demand, en Proa: “La IA repite lo ya hecho, no produce rupturas como el arte de vanguardia”
“Un artista siempre tiene que resolver problemas.
A veces, lo más banal puede ser el punto de partida: no tener espacio para guardar una escultura puede llevarte a encontrar tu propio lenguaje”, sostuvo el artista alemán Thomas Demand , en diálogo con Infobae Cultura , en el marco de El tartamudeo de la historia , una gran restrospectiva que se presenta en Fundación Proa .
Con más de 60 obras —fotografías a gran escala, videos y wallpapers— la exposición, que ya pasó por por instituciones como el Jeu de Paume en París y el Museum of Fine Arts de Houston , propone un recorrido integral por la carrera de Demand, célebre por sus imágenes impactantes, pero aún más por la naturaleza conceptual y escultórica de su proceso creativo.
Demand (Múnich, 1964) no solo fotografía el mundo, sino que lo reconstruye meticulosamente con papel y cartón partiendo de imágenes de prensa o de archivos históricos; luego destruye esas maquetas, de modo que la fotografía se convierte en el único vestigio de una realidad reconstruida y efímera.
Ese gesto, que busca inquietar la confianza en lo que vemos, define al artista como “escultor” de la memoria y la representación.
Con curaduría de Douglas Fogle , la exhibición explora —y de algún modo sabotea— la confianza en las imágenes que mediatizan la historia, a través de una tensión entre la monumentalidad visual de sus obras y la ausencia total de figuras humanas.
El espectador se enfrenta a habitaciones, escritorios o archivos perfectamente “fotografiados”, sin pistas explícitas de su origen: de la sala donde Hitler sobrevivió a un atentado ( Room , 1994), al dormitorio de Bill Gates en Harvard ( Corner , 1996), pasando por el archivo cinematográfico de Leni Riefenstahl ( Archive , 1995).
En palabras del curador, “el tartamudeo de la historia reside en esa extraña brecha entre el mundo que habitamos y el mundo recreado de papel y cartón que el artista conjura en su estudio”.
La exposición busca responder a la pregunta de cómo sería una pintura de historia en una cultura saturada de imágenes mediadas: la respuesta, sugiere Fogle, es la obra de Demand.
La expo, así, se organiza en cuatro núcleos temáticos.
Historias inquietantes , que ofrece ejemplos paradigmáticos de sus reconstrucciones más emblemáticas: desde el estudio de Jackson Pollock ( Barn , 1997) y el de Henri Matisse ( Atelier , 2014), hasta el recuento electoral de Florida en el año 2000 ( Poll , 2001) y la sala de control de la central de Fukushima antes del accidente nuclear ( Control Room , 2011).
Demand también lleva a escala la banalidad de lo cotidiano, como en “Copyshop” (1999) o “Labor” (2000), serie en la que prioriza el acto de grabación y reproducción.
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