La revolución del auto eléctrico redefine cómo se compran las autopartes
“Estar lejos de las zonas de conflicto es una ventaja, pero no nos protege al cien por ciento” .
Con esa reflexión, Eduardo resume el momento que atraviesa la industria automotriz mundial: una transformación tecnológica y geopolítica que arrancó en China y que hoy redefine, también desde la Argentina , cómo se compran los materiales, se eligen los proveedores y se sostiene la producción de una autopartista en medio de crisis económicas y cambios permanentes. ¿Cómo fue tu recorrido profesional y cómo llegaste a la industria de autopartes? Soy ingeniero aeronáutico, aunque ejercí pocos años en esa actividad.
Estuve casi veinte años en la industria automotriz , en dos importantes terminales, después cuatro años en el sector ferroviario y hoy estoy en una importante autopartista que provee a las terminales que fabrican pickups en el país.
En mi función actual el comercio exterior no es algo que gestione directamente, porque el producto que fabricamos no lleva materiales importados en su composición.
Pero sí importamos componentes de maquinaria, de prensas y de robots, y ahí es donde puede surgir la dificultad más crítica del negocio.
Se habla mucho de cómo cambió la industria automotriz en los últimos años. ¿Qué pasó con la llegada de China al negocio? Hace poco más de veinte años, las automotrices occidentales decidieron instalarse en China porque era un mercado enorme y totalmente inexplorado, con la promesa de cientos de millones de clientes potenciales.
Pensaron que iba a ser un festín.
Pero los chinos pusieron una condición: quien quisiera fabricar ahí debía asociarse con el Estado , que se quedaba con el 51% de las acciones de cada empresa.
Veinte años después, los chinos aprendieron todo, lo hacen mejor que sus maestros y hoy invaden el mundo con sus productos.
La revolución no es solo el origen de lo que se fabrica, sino su contenido tecnológico : una compañía que hasta hace poco más de diez años fabricaba baterías hoy es líder mundial en vehículos eléctricos, con una dotación en la que más del diez por ciento son ingenieros dedicados a investigación y desarrollo. ¿Cómo impacta esta transformación en la industria automotriz argentina? Se ve poco todavía en la calle, pero no hace falta ir muy lejos: en Uruguay ya hay muchos autos eléctricos chinos circulando.
En Europa la crisis es grave, con terminales que piensan en prescindir de cientos de miles de operarios y cerrar fábricas, y ese conflicto social no nos es ajeno en la Argentina.
Acá la industria automotriz históricamente le dio de comer a 200.000 mil familias y generó un comercio exterior monumental, aunque con un déficit histórico por la importación de autopartes.
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