El fin del dinero barato llegó para quedarse
Hay un mercado que no participa del entusiasmo de los índices bursátiles: el de la deuda larga.
El bono del Tesoro americano a 30 años tocó en agosto 5,28% , su nivel más alto en 19 años, y el de 10 años ronda 4,65% .
Pero el dato verdaderamente incómodo no es el nivel nominal, sino su composición.
La tasa real —la que pagan los bonos ajustados por inflación— alcanzó 2,41% a 10 años, contra 1,87% hace un año , y 3,03% a 30 años, contra 2,57% hace un año , con las expectativas de inflación implícitas ancladas en torno a 2,2%.
Medio punto porcentual puede parecer poco, pero para un país con una deuda superior al 100% del PBI y un déficit fiscal del 6% , cada punto básico adicional de tasa real se traduce en miles de millones de dólares extra de intereses reales por año.
La distinción importa.
Cuando la tasa nominal sube porque suben los breakevens, el mercado teme a la inflación .
Cuando sube la tasa real con expectativas quietas, el mensaje es otro: el capital se volvió escaso y caro .
El mundo entró en una subasta silenciosa por el ahorro global, y hay demasiados emisores de primera línea levantando la mano al mismo tiempo.
Cuatro frentes, aparentemente inconexos, cuentan una sola historia.
Esto es una mala noticia para el inversor de renta fija .
Si miramos el índice por excelencia de la renta fija de alta calidad, el “Bloomberg US Aggregate”, al momento de escribir esta nota está -0,27% en el año y prácticamente 0% crecimiento en 5 años (incluyendo intereses).
Japón repatría sus ahorros y presiona las tasas americanas Japón es el principal tenedor extranjero de bonos del Tesoro americano , con más de 1,1 billones de dólares.
Durante tres décadas fue su financista pasivo: con inflación doméstica en cero y tasas negativas, cualquier rendimiento en dólares era irresistible.
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