Terror en Barcelona: la explosión de una casa que dejó al descubierto un plan para atentar contra la Sagrada Familia y el Camp Nou
Una tarde de verano en Las Ramblas de Barcelona.
Miles de personas paseaban, tomaban fotos, compraban en los puestos de flores.
Era el 17 de agosto de 2017, pasadas las cuatro y media de la tarde.
De repente, una furgoneta blanca giró bruscamente desde la calle Pelai y aceleró sobre el paseo peatonal más transitado de la ciudad .
Durante casi 600 metros, el conductor giró el volante con violencia deliberada para alcanzar a la mayor cantidad de personas posible.
Trece murieron en el acto.
Más de 100 quedaron heridas.
Eran de 34 nacionalidades distintas: había de Argentina, Colombia, Cuba, Perú y Venezuela.
El atentado de Las Ramblas fue una reacción improvisada de la célula yihadista después de que una explosión en Alcanar destruyera la base donde preparaba explosivos para atacar otros objetivos de Barcelona, como la Sagrada Familia y el Camp Nou.
La noche anterior, el 16 de agosto a las 23.15, una enorme detonación había destruido un chalet en la urbanización Montecarlo de Alcanar, pueblo costero de la provincia de Tarragona.
La onda expansiva se sintió a kilómetros de distancia.
Las autoridades hablaron, en un primer momento, de una acumulación de gas.
Nadie sospechó de terrorismo.
Pero debajo de los escombros no había una cañería rota.
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