Fundido en 2001, se reinventó exportando madera y está entre los ‘ganadores’ que quieren expandirse
“ ¿Qué es peor para un empresario que tener una empresa que pierde plata? Esperarla ”, dice Daniel Saramaga .
Sabe de qué habla.
El dueño de Patagonia Flooring se fundió en 2001, después de varios años en los que la crisis fue arrinconando a la fábrica de muebles que había construido junto a su padre.
“En las crisis, si no haces nada, te llevan puesto”, agrega.
Aquella caída terminó siendo el punto de partida de Patagonia Flooring , la compañía con la que volvió a empezar y que, más de dos décadas después, tiene cerca de 70 puntos de venta en el país.
Saramaga nació entre la madera.
Su padre era albañil y ebanista y tenía el taller detrás de la casa familiar.
“Siempre digo que gateaba en la viruta”, recuerda.
Empezó a trabajar con él a los 13 años y, con el tiempo, aquel taller se convirtió en André Kevin , la fábrica de muebles que llevaba los nombres de sus hijos.
La empresa creció durante los ‘90 y Saramaga llegó a proyectar una cadena de 25 sucursales .
Para financiar esa expansión tomó deuda, una decisión que años después reconocería como uno de los mayores errores de su carrera .
La recesión que había empezado a golpear a la economía desde fines de esa década complicó cada vez más a la compañía.
En 2001, André Kevin quebró y Saramaga perdió la empresa.
Sin plata para irse del país y con el conocimiento de la madera como principal capital, el empresario buscó otro mercado.
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