Contratar pensando en el futuro: qué cambia en la selección y el liderazgo con la IA en el mercado silver
Si dirigís una pyme , es probable que en los últimos meses hayas recibido currículums con una línea nueva, ubicada justo donde hace veinte años aparecía “manejo de Paquete Office”: ahora dice “uso avanzado de herramientas de inteligencia artificial ”.
Es probable también que esa línea no te haya dicho nada.
Por estos días, es la consulta que más escucho de dueños, gerentes y directores de empresas: ya entendieron que la IA llegó para quedarse , lo que todavía no saben bien es cómo elegir a la gente que va a trabajar con ella, qué mirar en una entrevista y qué cambió en su propio rol de conducción de estos perfiles.
El cambio ya está ocurriendo en las empresas argentinas.
Un relevamiento nacional elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella , Fundar , el Banco Interamericano de Desarrollo y la Fundación Observatorio Pyme , publicado en mayo de este año, encontró que el 41,6% de las pymes usa al menos una herramienta de IA.
El 91,2% de las que la adoptaron no redujo personal, pero el 95,5% tampoco incorporó a nadie especializado , y apenas el 7,5% tiene una partida de presupuesto para estas tecnologías.
En otras palabras: la transformación la están haciendo las mismas personas de siempre, casi sin plan, y, por eso, cada nueva contratación pasa a ser una decisión estratégica.
A nivel global, los líderes ya tomaron posición.
Según el Work Trend Index que elaboran Microsoft y LinkedIn , el 66% de los directivos encuestados no contrataría a alguien sin habilidades de IA, y el 71% preferiría a un candidato con menos experiencia que sepa usarla antes que a uno más experimentado que no.
Sin embargo, estos números esconden una trampa que conviene ver con calma antes de reescribir los criterios de selección.
La trampa la mostró un experimento de la Escuela de Negocios de Harvard con 758 consultores de Boston Consulting Group .
En las tareas que la IA resolvía bien, quienes la usaban terminaron un 12% más de trabajo, un 25% más rápido y con un 40% más de calidad.
Pero en una tarea que quedaba fuera de su alcance, los consultores que se apoyaron en la herramienta acertaron 19 puntos porcentuales menos que quienes trabajaron sin ella, porque confiaron en una respuesta convincente que estaba equivocada.
Los investigadores llamaron a ese límite “la frontera dentada” ( jagged technological frontier , en inglés).
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