La Justicia anuló un testamento de una mujer de 82 años porque tenía deterioro cognitivo
La historia resulta tan cinematográfica como singular y, a la vez, pone en escena un dilema frecuente: ¿Es válido el testamento de una persona mayor con deterioro cognitivo? Recientemente, en un fallo que sienta precedentes, la Justicia estableció que no.
El caso es el siguiente: una mujer de 82 años, soltera y sin hijos, un día antes de morir, en julio de 2014, firmó un testamento desde la cama del Sanatorio Güemes.
El documento establecía que la mujer dejaba todos sus bienes (un departamento sobre la calle Juncal y un local comercial en la avenida Santa Fe) a la mujer que la cuidó y asistió durante el último tiempo y a una amiga abogada.
Al enterarse de la situación, tras el fallecimiento, la sobrina de la mujer decidió iniciar una demanda contra la validez de ese testamento.
Denunció que su tía, al momento de firmar ese documento, ya no estaba en sus facultades y que, producto del deterioro cognitivo que tenía y de la medicación que se le suministraba por encontrarse en los últimos momentos de su vida, no podría haber tenido la lucidez necesaria como para, a conciencia, desheredarla a ella, única heredera legal, y dejar todos sus bienes a las otras dos mujeres.
El reclamo judicial llevó más de 12 años, hasta que finalmente, el 25 de agosto último, la Sala D de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil declaró la nulidad del testamento, dando validez al argumento de que, en el momento de la firma, la mujer carecía de discernimiento de sus actos.
El fallo fue publicado en el portal de jurisprudencia El Dial La cuidadora de la mujer, quien había sido beneficiada por el testamento, alegó en sus declaraciones que en los últimos años la familia no se había hecho presente y que ella estaba en estado de abandono.
Afirmó también que, como en distintas oportunidades ella la había asistido y ayudado, tenían un vínculo afectivo de “madre e hija”, y que por esa razón, la mujer le había prestado dinero en distintas ocasiones para que pudiera salir de deudas.
Con el paso de los años, según declaró, cuando el estado de la mujer se fue deteriorando, la cuidadora, que no recibía pago por lo que hacía, se comunicaba con la sobrina y otros familiares para informarles y pedirles ayuda, pero, según dijo, no se habrían acercado al departamento en el que vivía, sino solo al local para cobrar el alquiler.
La cuidadora también declaró que había familiares que hacían uso de un departamento que la mujer tenía en la costa, sin nunca pagarle el alquiler, hasta que se vendió esa propiedad.
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