Festival de Venecia: un gran triunfo del cine argentino antes del anuncio de los premios principales
Este viernes, en la víspera de la clausura del 83° Festival de Cine de Venecia y el anuncio de los principales ganadores, con John Malkovich y un film surcoreano como grandes candidatos, el cine argentino recibió un nuevo gran reconocimiento internacional gracias a uno de los premios anticipados de la muestra.
La guionista y directora cordobesa María Aparicio ganó el máximo galardón de Giornate degli Autori (Venice Days), una de las secciones paralelas más importantes de la muestra, por su cuarto largometraje, A veces me entra tristeza, otras veces rebelión .
La película, protagonizada por Eva Bianco y Roger Koza (reconocido crítico de cine, además) narra el encuentro en el Museo Reina Sofía de Madrid entre dos argentinos: una mujer que está de paso por la capital española y un historiador que investiga las luchas sindicales en su país y la figura de Juan Bialet Massé.
El jurado encabezado por la cineasta española Carla Simón ( Alcarrás , Romería ) fundamentó el premio en la mirada de Aparicio “sobre el trabajo, la inmigración y el privilegio a través de una delicada puesta en escena basada en pequeños gestos más que en grandes acontecimientos”.
Y agregó: “ Salimos del cine profundamente conmovidos, con una tristeza y un espíritu de rebeldía que no se oponen, sino que coexisten como dos caras de la misma desorientación ”.
El film ganador recibirá un premio de 20.000 euros a dividirse en partes iguales entre la directora y los distribuidores internacionales.
En Venecia 2026, el cine argentino tuvo una presencia muy destacada en la sección que se cerró con el triunfo de la directora y guionista cordobesa.
Por Giornate degli Autori también pasó El fantasma , de Ignacio Masllorens y David Lamelas, segunda producción de El Pampero Cine (junto a Biografía de Jorge Luis Borges , de Mariano Llinás) incorporada este año a la programación de la muestra.
Con estreno todavía sin fecha confirmada en la Argentina, El fantasma es otro notable ejercicio planteado desde el cine entre la ficción y la realidad, en el que se mezclan la comedia absurda, la memoria, el rescate de algunas de las grandes vanguardias artísticas del arte argentino del siglo XX y el falso (o no tanto) documental.
La película, a la vez, se acerca tierna y generosamente al retrato de una figura notable y desconocida para el gran público que formó parte de aquella generación de creadores que dejó su huella en los años 60 desde el Instituto Di Tella, el propio David Lamelas.
Las indagaciones de Lamelas, en medio de algunos giros muy divertidos y recorridas por una Buenos Aires en la que quedan pocos vestigios reales de aquellas transformaciones, nos llevan hacia el pasado.
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