El informe de la UCA que revela cómo el origen social marca el futuro de los jóvenes argentinos
En la Argentina, ser joven no significa necesariamente transitar las mismas oportunidades.
Para algunos, esa etapa supone continuar una carrera universitaria, acceder a un empleo formal y comenzar a construir un proyecto de autonomía.
Para otros, implica abandonar los estudios, aceptar trabajos precarios o quedar al margen tanto del sistema educativo como del mercado laboral.
La diferencia no está solamente en las decisiones individuales: también está en el punto de partida.
Esa es una de las principales conclusiones de “Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión”, el nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA , elaborado a partir de datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA-UCA) correspondientes al período 2021-2025 y centrado en jóvenes de entre 18 y 25 años.
El trabajo muestra que las desigualdades no se limitan al acceso a la educación o al empleo.
Se acumulan y se trasladan a otras dimensiones de la vida , como el bienestar psicológico, las redes de apoyo y las experiencias de violencia de género.
Durante una entrevista con Infobae al Regreso , el director del ODSA, Agustín Salvia , analizó los resultados y cuestionó las explicaciones que atribuyen las diferencias exclusivamente al esfuerzo individual.
“ No es un problema de mérito, no es un problema de esfuerzo personal ”, sostuvo, y señaló que una parte de los jóvenes no cuenta con las condiciones sociales necesarias para sostener una trayectoria educativa y laboral ascendente.
Una misma edad, oportunidades muy diferentes Las diferencias aparecen desde la educación.
Mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% de quienes pertenecen al estrato muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria .
La brecha también se refleja en la combinación entre estudio y trabajo.
Uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja , pero esa proporción no se distribuye de manera uniforme: alcanza al 34,2% en el estrato muy bajo y se reduce al 8,3% entre los jóvenes del medio alto .
La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar también está fuertemente condicionada por el origen.
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