La casi-transición venezolana
El pueblo venezolano democrático tiene derecho a re-concebir y re-crear sus instituciones luego de un período de destrucción de las mismas en el cual fueron transformadas en absolutamente disfuncionales a las necesidades de la gente.
Sin embargo, para muchas de ellas, la imagen dominante de la corrupción se sitúa como una condición que es imprescindible resolver porque esta infame práctica se ha comido por dentro el sistema y la propia economía del país, ha atacado incluso en los márgenes del poder, o incluso más allá en las dinámicas opositoras.
Es imposible no percibir la corrupción como una autoridad paralela que determina de la peor forma la vida política de Venezuela .
Los hoy dictadores guardianes de la crisis venezolana han ejercido y ejercen una influencia considerable para que la corrupción misma sea parte de la ostentación del poder y determina la práctica de cómo se implementan las políticas .
Esta dura realidad obstaculiza los esfuerzos para que la transición sea de hecho más flexible, abierta y democrática, manteniendo el mismo esquema cerrado de poder y priorizando el tráfico de influencias, favores, prebendas, apropiación y ventajas financieras como la función principal de la misma y dejando los problemas de la democracia como objetivos a resolver posteriormente (y estimo que si es posible nunca).
Todo comienza con una dimensión colectiva de deterioro, que abarca no solo la experiencia del orden cronológico de inicio del chavismo y la duración ilimitada del madurismo en un marco de irracionalidad política en que las otras opciones políticas fueron anuladas como posibilidad de alternancia, sino también en las creencias político-culturales compartidas en todo ese tiempo y una extraña concepción de una agenda política atrofiada por la falta de derechos.
Venezuela desarrolló este marco de trabajo político que limitó capacidades para el diálogo político y la posibilidad de una visión común de país, la cual no existe aún al presente.
A partir de allí, las dinámicas de convivencia política que, en general, son posibles aún en contextos con fuertes contradicciones de ideas, en Venezuela las lógicas varias de cooptación e intimidación la hicieron completamente imposible.
Recuperar el Estado de Derecho es esencial para recuperar la justicia en un país en que el orden constitucional ha sido completamente subvertido.
Para ello, reconocer la legitimidad de la juramentación de los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia por parte de la Asamblea Nacional legítima implica comprender la complejidad de la experiencia política de este proceso de recuperar la legalidad y la normalización del país, sin perder de vista la tarea de recuperar la decencia pública en el marco del más estricto apego a la Constitución.
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