La república que se formó en una tierra que nadie reclamó: 330 hectáreas habitadas por catorce familias en una casualidad geográfica
Un pequeño error cartográfico, firmado entre las brumas diplomáticas del Renacimiento, dio origen a uno de los experimentos políticos y fiscales más insólitos de la historia de Europa.
Durante casi cuatro siglos, en una diminuta franja de tierra del norte de Umbría, existió un rincón del mundo donde no había leyes escritas, no se pagaban impuestos a ningún monarca y la única máxima de convivencia quedó grabada en la piedra de un templo: Perpetua et firma libertas .
La República de Cospaia fue, más que un Estado, una casualidad geográfica nacida en 1440 .
Todo comenzó cuando el papa Eugenio IV, acorralado por las deudas y enredado en sus disputas con el Concilio de Basilea, decidió vender un tramo de territorio a la floreciente República de Florencia.
Al trazar los límites de la transacción sobre los mapas de la época, los delegados pontificios y florentinos cometieron una omisión crucial.
Apenas a quinientos metros del arroyo designado como frontera, corría otro arroyo con el mismo nombre.
Florencia consideró que el límite estaba en el curso de agua situado más al norte; la Santa Sede, en el ubicado más al sur.
En el medio, un puñado de hectáreas y unos doscientos cincuenta campesinos quedaron flotando en una tierra de nadie que nadie reclamó .
Lejos de pedir amparo o aguardar una corrección diplomática, los vecinos de Cospaia declararon de inmediato su independencia.
Cuando las dos potencias firmantes advirtieron el malentendido, notaron que rehacer los minuciosos tratados fronterizos resultaba más costoso y tedioso que aceptar la existencia de aquel islote sin amo.
Así, para 1484, la autonomía de la micro república fue reconocida tácitamente por ambos vecinos , consagrando una soberanía que no descansaba sobre ejércitos ni coronas, sino sobre el absoluto desinterés de sus gigantescos colindantes.
Sin aranceles comerciales, sin tributos que rendir al Papa ni al Gran Duque de Toscana, Cospaia floreció como un oasis de libre comercio “avant la lettre”.
Pero el verdadero salto hacia la prosperidad llegó con la introducción de una planta exótica traída del Nuevo Mundo: el tabaco .
Mientras las bulas papales prohibían su cultivo y consumo en los Estados Pontificios bajo severas penas, los habitantes de Cospaia transformaron sus fértiles campos en el primer gran centro tabacalero de la península itálica.
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