Mensajes al pie de una arboleda
Fue una de esas personas a las que en la niñez miraba de lejos, parte de un inescrutable mundo de adultos.
Era una mujer áspera, solitaria aun cuando aceptaba invitaciones a comer u organizaba cenas de fin de año en su casa.
No le preocupaban ni el tacto ni la cintura en el trato con los demás; la ternura parecía serle desconocida.
Una vez, durante una de las escasas visitas que le hacíamos, la vi plantar un árbol.
De chica yo andaba por la vida siendo puro ojo: observaba lo que ocurría alrededor, pero algo me impedía la pregunta, la conexión, a veces incluso la palabra.
Supongo que, incluso desde esa inhibición invalidante, la escena algo movilizó.
No era precisamente “el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en la mesa de disección” (además, faltaban largos años para que el surrealismo y la frase de Lautréamont ingresaran a mi vida).
Pero parte de las pequeñas certezas que me circundaban se había dislocado: ¿qué hacía una persona tan poco dotada para las delicadezas del cuidado cargando con ese arbolito-bebé, apenas un tronco delgado y unas ramitas endebles? “Plantar algo que no llegarás a ver es soñar con el porvenir”, leo en Un árbol de compañía, libro elaborado a cuatro manos por la escritora argentina Clara Obligado y el biólogo español Raúl de Tapia y publicado por Páginas de Espuma.
“Quizá plantar un árbol sea la única huella inmortal”, se dice también allí Nunca supe de dónde sacó ese árbol o quién se lo dio (no me la imagino yendo a un vivero a comprarlo); solo tengo la postal de ese momento: la mujer que apenas giró la cabeza para saludar, demasiado concentrada en embutir raíces y tronco inferior en una plantera abierta en la vereda.
El arbolito quedó tambaleante; parecía que hasta el simple tronar de un colectivo podía tumbarlo.
Haciendo gala de un saber que hasta ese momento no había desplegado, la mujer lo apuntaló con unas maderas, lo sostuvo, lo afianzó con cintas, lo cuidó con un tesón inaudito.
Pasada la infancia, dejé de verla.
La noticia de su muerte me llegó como un eco lejano, doloroso en la certeza de que se fue de este mundo arrasada por una soledad furiosa, inapelable.
La casualidad hizo que poco después pasara frente a la que había sido su casa.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.